Cohousing senior: compartir piso para envejecer juntos

El cohousing senior es un nuevo anglicismo que define una nueva alternativa a las residencias de ancianos. El cohousing consiste en compartir la misma vivienda, mediante una gestión colaborativa y autogestionada. En la mayoría de los casos los grupos están formados por hombres y mujeres que han superado los sesenta años y deciden afrontar la vejez de una manera diferente, aunque cada vez son más los jóvenes que se apuntan a esta nueva tendencia.
El cohousing combina una zona de viviendas completamente independientes, con espacios comunes donde los habitantes de la casa se relacionan y comparten responsabilidades y actividades: comedores, salones, jardines, terrazas, etc.

 

Jan Gudmand-Hoyer: el padre del cohousing

El cohousing se originó en Dinamarca en la década de los años sesenta. Su principal impulsor fue un arquitecto llamado Jan Gudmand-Hoyer, formado en la Academia de Artes de Copenhague y la Universidad de Harvard. Jan Gudmand-Hoyer es el responsable de la construcción de más de 50 comunidades de cohousing, tanto en Dinamarca como en Estados Unidos, siendo la más famosa la comunidad llamada Skåplanet, cuya construcción se terminó en 1973. Además Jan Gudmand-Hoyer difundió sus ideas sobre el cohousing publicando libros, asesorando a empresas e instituciones, e impartiendo clases en diferentes escuelas. La idea del cohousing fue introducida en Estados Unidos por dos arquitectos llamados Kathlyn McCamant y Charles Durrett, que estudiaron el fenómeno durante varias visitas a diversas comunidades establecidas en Dinamarca. Sus conclusiones las reflejaron en un libro titulado “Cohousing: a contemporary approach to housing ourselves”. Juntos fundaron “McCamant & Durrell Arquitects. The Cohousing Company”, un estudio de arquitectura especializado en la construcción de comunidades colaborativas. En Europa, el cohousing se ha ido extendiendo sobre todo por los países del norte, como Suecia, Finlandia, Noruega, Alemania y Reino Unido. El cohousing se ha convertido en un modelo muy extendido en los países escandinavos. Por ejemplo, en Dinamarca el 10% de las comunidades ya funcionan en régimen de cohousing, y en Suecia la cifra alcanza un sorprendente 35%. Existen comunidades muy conocidas, como Andedammen, situada en el área oriental de Dinamarca, en Birkerod, que acoge a unas 40 personas, cuyas edades oscilan entre los 0 y los 90 años, demostrando así que en el cohousing pueden convivir hasta cuatro generaciones.

En España existen diversas comunidades colaborativas, Aletxa por ejemplo, es una comunidad situada en un pequeño pueblo de Álava. Consiste en un proyecto de rehabilitación de un caserío de finales del siglo XVIII que se ha transformado en una vivienda colaborativa, que incluye cinco viviendas independientes unos 45 metros cuadrados, con numerosos espacios comunes.

 

 

El cohousing mejora el bienestar social de las personas

Numerosos estudios demuestran que el cohousing mejora la calidad de vida. Los lazos que se establecen dentro de estas comunidades, el trabajo en equipo y la compañía mutua, provoca en las personas un sentimiento de pertenencia a un grupo y refuerza su autoestima. Aunque, al cumplir los sesenta años, muchas personas gozan en la actualidad de una excelente salud, lo cierto es que a esas edades aumenta la posibilidad de desarrollar ciertos tipos de dependencia. Esa circunstancia, unida al riesgo de la soledad y los efectos de la inactividad, convierten al cohousing es un compañero excelente para la última etapa de nuestra vida.

Un estudio publicado por Elsa Gummà Serra, Educadora Social del Ayuntamiento de Málaga, establece que “las viviendas colaborativas o co-housing promueven una mayor calidad de vida, aumentan la confianza en las propias habilidades, y favorecen una mayor estabilidad emocional. Frente a los clásicas residencias de personas mayores, los co-housing establecen unas relaciones simétricas y ausentes de jerarquías, en las que los usuarios son, además, los gestores activos de su modo de convivencia”.

 

 

El cohousing senior se ha convertido en una alternativa residencial a los tradicionales centros de mayores. En estos últimos las personas pierden autodeterminación y disminuyen sus relaciones sociales, mientras que en las viviendas colaborativas los mayores aprenden a autogestionarse y crean relaciones de ayuda y colaboración. Las autoridades responsables harían bien en considerar el cohousing como una alternativa a las residencias de ancianos y empezar a tenerla en cuenta en las políticas sociales para atención a la tercera edad. Sus ventajas económicas, sanitarias y ecológicas resultan evidentes.