Una educación emocionalmente ecológica

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La convivencia con las distintas visiones del mundo, valores y objetivos diferentes y la aparición de escenarios sociales que aún no podemos imaginar, demandarán personas capaces de sincronizar mente y emoción en vistas a llevar a cabo acciones más inteligentes. Es esencial educar a la nueva generación para la gestión ecológica de sus emociones proporcionándoles unos valores personales sólidos que los capaciten para el diálogo, la tolerancia, la solidaridad y la búsqueda de soluciones creativas a las dificultades que se les presenten. Una educación integral que enseñe a vivir en todo tipo de paisajes y climas emocionales.

En el Centro Abierto Tomillo acompañamos a las personas en sus procesos  de crecimiento personal y en el desarrollo de sus potencialidades. Las personas somos los agentes del cambio social, porqué sólo cuando nosotros mejoramos, mejora el mundo.

A través del Instituto de Ecología Emocional de Madrid, ubicado en el centro, promovemos programas educativos que apuestan por una educación emocionalmente ecológica que consiste en trabajar para hacernos mejores, desprendiéndonos de residuos emocionales contaminantes, respetando nuestros propios espacios interiores, alimentándonos en fuentes de energía limpias, renovables y sostenibles, construyendo relaciones basadas en la libertad responsable y la confianza.

Debemos aprender a gestionar las emociones que se generan en los procesos de educación: miedo, frustración, ira, rabia, celos, desánimo, curiosidad, alegría, ilusión, voluntad, gratitud, esperanza, etc.

El modelo sobre el que se desarrollan nuestros programas, el modelo “CAPA” (Soler&Conangla 2002) consta de cuatro ejes (la persona creativa, la persona amorosa, la persona pacífica y la persona autónoma), que si conseguimos educar sincrónicamente darán como resultado una persona libre, responsable, comprometida consigo misma, con los demás y con la mejora del mundo. Un ser CAPA libre de toxicidades y amarres emocionales, un ser profundamente coherente, fuerte y valiente y, sobre todo, capaz de amar y de vivir en los territorios inciertos de estos nuevos tiempos.

¿Cómo lo haremos? Generando espacios protegidos donde se siembra y se recoge la confianza, donde los niños y niñas asumen responsabilidades y toman conciencia de que participan e influyen en el ecosistema del que forman parte. Un espacio de conocimiento, de conexión y aprendizaje en los tres planos esenciales para el desarrollo humano:

Yo, mi mejora personal (autoconocimiento y autoconsciencia)

Nosotros, la mejora de la calidad y el cuidado de nuestras relaciones personales (la conciencia de Comunidad)

El planeta, construyendo un proyecto de vida creativo y con sentido orientado al cuidado de nuestro medio natural y humano (la conciencia del medio natural)

Bajo este enfoque tenemos actualmente dos programas en marcha: “Acampada de verano en el Tiétar”, una aventura en la naturaleza para aprender a gestionar las emociones y “Cosquillas para el corazón”, un programa de talleres donde la creatividad es clave. (www.centroabierto.net)

Éste es nuestro sueño: un ecosistema educativo emocionalmente ecológico, creativo, lleno de vida, conectado al mundo y a todo lo que en él sucede. Comentaba Vaclav Havel “La salvación de nuestro mundo se encuentra en el corazón de las personas, en su modestia, responsabilidad y capacidad de reflexión.”

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