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Nos estamos quedando sin ellas

Blog Ideas Imprescindibles golondrinasEste espectáculo delicioso sucedía en el techo de mi garaje cada primavera. Listas de manual escogían la parte más alta, el rincón que las mantenía a resguardo de la tormenta que, sí o sí, caería en Agosto, y el más discreto de miradas – la otra esquina era visible según abrías la cancela del jardín -. No me importaba que dejaran suelo, persianas y paredes como un estercolero. El milagro de la vida bien merece unos cuantos fregoteos y barridos extras. A veces no podía resistir la tentación de ver sus ‘piquitos’ abiertos como un buzón a la espera del bocado que la madre depositaría en ellos como la carta más bella de amor. Entonces me hacía con la escalera del trastero y subía los peldaños uno a uno, cauta, para no levantar sospechas. Inútil esfuerzo. La madre aparecía súbitamente de a saber dónde, como loca, chillando y dando vueltas a gran velocidad, era una montaña rusa sin control, planeaba sobre mi cabeza y sentía que me la agujeraría a picotazos. Pero yo ya había conseguido ese pedacito de milagro para el recuerdo. Eh, pequeñas…

SEO Birdlife declaró la golondrina Ave del año 2014, pues sorprendente como parezca su población ha descendido en España un 30% en la última década, dato para la mayoría desconocido. No te pierdas el hermoso vídeo de esta ave que puebla nuestro paisaje cotidiano, del peligro y efecto devastador en el ecosistema que supondría su desaparición. Las golondrinas, como cantaba Serrat, son esas pequeñas cosas, que nos dejó un tiempo de rosas.
 

Por: Violeta Iglesias Alonso.
 
 

querer a un animal

Querer a un animal

“Hasta que no hayas amado a un animal parte de tu alma estará dormida”

Anatolé France

querer a un animalHay frases memorables que sobreviven a las generaciones, su significado es tan preciso que ninguna corriente moderna lo vuelve idiota. Amar a un animal es despertar del letargo, algo así como enamorarse, una chispa se enciende y de pronto reparas en miles de detalles que hasta entonces te pasaban inadvertidos. Y a diferencia del amor ortodoxo tiene garantía de por vida. No sé de nadie desilusionado, arrepentido por abrir su corazón a otras especies. El mundo se vuelve más grande, su dolor y su alegría. Lo habitual es que tal apertura venga dada por la convivencia con un gato o un perro, estudios arqueológicos revelan que son miles de años coexistiendo con los humanos.

Si uno arrima la oreja a un corrillo de paseantes de perros, se sorprenderá por la infinidad de paralelismos que con total naturalidad establecen entre sus animales de compañía y ellos, como si fueran un apéndice de su cuerpo. Hay psicólogos urbanitas que se escandalizan ante ciertas comparaciones humano-perrunas y no digamos si el animal es selvático, o peor aún, marino, entonces prepárense para una arenga de solemnidad. Pero no es hasta que salta la chispa que ese mundo oculto, plagado de paisajes, sale a flote.

Y cuentas las almohadillas de sus pezuñas: cinco, como los dedos de tu mano. Y cejas y  pestañas que entorna cuando le vence el sueño después de adueñarse de la butaca más mullida.  Le lanzas la pelota y entiendes por qué Butragueño entrenaba a fútbol con su perro: quiebros imposibles, saltos hasta morder la luna, carreras de infarto. Es un quejido que se te mete muy adentro cuando sin querer le pisas, es sentir cómo de blando sabe un beso si estás triste, un gimoteo que busca tus ojos reclamando su paseo vespertino y tú esquivas ajustándote el periódico: batalla perdida antes de ser peleada.

Invierno, domingo y por enésima vez ET tras las noticias. Cuántas veces la habréis visto. Pero te pasma que no pierda comba. ET y los chavales cruzan el cielo en bicicleta con una luna blanca y luminosa al fondo. Y otra vez tus lágrimas, y otra vez ladea la cabeza con las orejas bien arriba y te preguntas qué pensara, si el también sueña con volar.

 

Podéis leer el artículo completo en el segundo número de nuestra revista digital gratuita, haciendo clic aquí.

Por Violeta Iglesias Alonso