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Sigamos nuestro camino

Escribía -con mucha razón- Schopenhauer que perdemos tres cuartas partes de nosotros mismos para ser como los demás. Y una de las razones por las que lo hacemos es para intentar complacer a todo el mundo. Todos nosotros tendemos a querer el respeto y la aprobación de los demás. El problema no es nuestro deseo de obtener el respeto y la aprobación de nuestros amigos y conocidos cercanos. El verdadero problema empieza cuando intentamos complacer a todo aquel que se cruza en nuestro camino. 

Herbert Bayard Swope decía con mucha gracia: ”No puedo darle la fórmula del éxito, pero sí que puedo darle la del fracaso y es la de complacer a todo el mundo”. Demasiadas personas malgastan demasiado tiempo y energía intentando complacer a los demás, en lugar de concentrarnos en nuestras propias esperanzas, planes y sueños. Es desde todo punto imposible gustar y recibir la aprobación de todos. Tenemos que estar preparados y dispuestos para aceptar la desaprobación y el rechazo, siendo ello una fortaleza esencial de las personas que tienen mucha confianza en sí mismas.

Si no tienes enemigos, lo más probable es que tengas el mismo problema respecto a los amigos” escribió Elberr Hubart. Abraham Maslow descubrió que las personas con el nivel más alto de desarrollo psicológico están dispuestos a hacer enemigos siempre que lo que hagan sea lo correcto para ellos. Se dan cuenta de que no pueden complacer a todo el mundo, por mucho talento que tengan y por mucho que lo intenten.

Querer gustar a todo el mundo es otra forma de codicia y la gente con elevada autoestima no es codiciosa. No perdamos nuestro tiempo cortejando a todos. No podemos ser todo para todo el mundo y ni tan siquiera debemos intentar ser aquello que los demás quieran que seamos. Nuestro éxito consiste en hacer lo que es correcto para nosotros. Nos debemos a nosotros mismos. Ser nuestra principal prioridad. Y si queremos cuidar a los nuestros (familia, amigos y sociedad) primero debemos cuidar de nosotros.

Evitemos la inclinación de complacer a todo el mundo. Enfrentémosnos a las emociones que hagan que seamos esas personas encantadoras que intentan complacer a todo el mundo, porque si lo hacemos, no complaceremos a nadie. A medida que vamos viviendo la vida, iremos -inevitablemente recibiendo desaprobaciones. No es más que el precio que pagamos por ser individuos únicos.

Si queremos cuidar a los nuestros (familia, amigos y sociedad) primero debemos cuidar de nosotros. Si estamos convencidos de que estamos haciendo lo correcto con nuestra vida, no nos importará lo que los demás opinen de nosotros, hasta el punto de que parezca irrelevante. Nosotros y solo nosotros somos los que debemos decidir lo que es importante para nuestra vida, como Pablo Picasso cuando decía: ”Mi madre me dijo: Si te haces soldado, serás un general; si te haces monje, acabarás siendo el Papa. Y en lugar de eso, me convertí en pintor y acabé siendo PICASSO.”

Artículo escrito por Ignacio Pi, responsable global de Mediapost Group
Publicado en el nº 13 de la revista Ideas Imprescindibles

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