Sé tu mismo

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En muchas de las empresas de la vida, podemos quedarnos más inmovilizados por una falta de confianza en nosotros mismos que por casi cualquier otra cosa que pueda interferir en nuestros planes. Hay demasiada gente que pasa demasiado tiempo preguntándose lo que los demás piensan sobre ellos. Estar obsesionado por lo que los demás piensan indica falta de autoestima.

Descubrir hasta que punto nos gustamos a nosotros mismos implica fijarse en cuanto esfuerzo hacemos para intentar gustar a los demás. Si queremos que los demás piensen bien de nosotros, hemos de empezar por pensar bien de nosotros mismos. Tener miedo constantemente de no gustarle a alguien, significa que la autoestima necesita un buen empujón. Si no podemos soportar que la gente rechace nuestras ideas, nuestros valores, nuestras opiniones o nuestras creencias, nos estamos exponiendo a sentir mucha ira y dolor.

Si nos gustamos a nosotros, nos daremos cuenta de que no tenemos necesidad de gustar a nadie. Reduzcamos al mínimo el tiempo que pasamos intentando quedar bien ante los demás, ya que ésta puede ser una preocupación que nos consuma y que nos proporcione mucho menos rendimiento de lo que podamos pensar. La mayoría de la gente ni siquiera se fijará en lo bien que quede con nosotros porque estarán ocupados intentando quedar bien con los demás. Cuanto más nos conozcamos y nos aceptemos, menos tendremos que impresionar a los demás.

Las creencias falsas respecto a nuestras limitaciones se hacen realidad en la vida, así que es mejor que eliminemos los pensamientos negativos que tengamos con respecto a nosotros mismos. No aceptemos todas las opiniones negativas que la gente exprese con respecto a nosotros. Desarrollemos una forma de amnesia para las críticas infundadas que los demás nos hagan y así aumentaremos nuestro poder personal.

Es importante que seamos honestos con nosotros mismos. Somos quienes somos y no tenemos necesidad alguna de convertirnos en personas diferentes cada vez que conozcamos a alguien nuevo. Ser aquello que nosotros creamos que los demás quieren que seamos, no nos aportará ninguna satisfacción. El problema de “prestar oídos a los demás” es que algunos dirán que deberíamos hacer esto y otros que deberíamos hacer aquello. Siempre habrá personas cerca de nosotros que se quejaran de lo que hagamos.

Intentemos rodearnos de personas que nos aprecien y a las que les guste nuestro “yo” verdadero. Podremos conseguirlo siendo auténticos en nuestras relaciones con la gente. Presentemos nuestra verdadera imagen y no las que otros esperan que sea. No deberíamos estar siempre de acuerdo con los demás sólo para conseguir su aprobación y hacer ver que lo estamos, nos quita la oportunidad de expresarnos y de incrementar nuestro propio valor.

Hay ocasiones en que alguien con una mala actitud o un mal carácter pueda hacernos pasarlo mal. Puede ser un familiar, un amigo o un compañero que discrepa de lo que decimos o hacemos. Controlemos nuestro mal genio, seamos dogmáticos, pero no hostiles. Al final, lo que los demás esperan de nosotros es irrelevante, y si les ofende, ¿qué puede pasar? En realidad no les hemos ofendido, son ellos los que han elegido ofenderse.

Un ingrediente clave para conseguir la felicidad y el éxito es que seamos nosotros mismos. Antes de servir al mundo debemos querernos a nosotros y al mundo, y al aumentar nuestra autoestima nos permitirá escapar de cualquier rutina en la que nos encontremos. Con una mayor autoestima aprenderemos a fijar objetivos y a disfrutar mientras intentamos conseguirlos.

 

Por Ignacio Pi Corrales

Responsable Global Mediapost Group

www.mediapostgroup.es

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