Por qué la democracia no es sólo votar

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A finales de 2010, un grupo de amigos juristas (una abogada del Estado, Elisa de la Nuez, y cuatro notarios, Rodrigo Tena, Ignacio Gomá, Fernando Gomá y Fernando Rodríguez Prieto) fundamos el blog ¿Hay Derecho?, preocupados porque nos dábamos cuenta de que las reglas en las que nos habíamos educado como juristas y como ciudadanos, y que creíamos fundamento de nuestra convivencia, se estaban desmoronando. 

El blog, que publica diariamente un artículo jurídico-político, buscaba poner de manifiesto críticamente, pero desde una perspectiva de análisis solvente, las cosas que no funcionaban bien en nuestro campo. Fue un gran éxito, y tuvo y sigue teniendo muchísimas entradas, aunque su mayor éxito es introducir en la opinión pública, en la publicada y en la agenda de los políticos cuestiones hoy consideradas esenciales como los aforamientos, la segunda oportunidad en las personas físicas, el capitalismo clientelar y tantas otras. Trascurridos unos años, y tras incluir en el blog a otros editores como Segismundo Álvarez y Matilde Cuena, quisimos dar un paso más y creamos, con la ayuda de muchas más personas de diferentes ámbitos y ocupaciones (contamos entre nuestros patronos a Ignacio Pi) la Fundación ¿Hay Derecho? Esta institución quiere llegar donde no llega el blog: a realizar seminarios, informes o estudios, todos ellos encaminados a la defensa del Estado de Derecho. Pueden ver aquí lo que ha ido haciendo la Fundación.

Pero, pueden preguntarse ustedes, ¿qué pasa con el Estado de Derecho, que hay que alzarse de esa manera? Sin duda, frente a la defensa de las especies en extinción o los derechos de las minorías, el Estado de Derecho puede parecer algo muy abstracto y poco llamativo. Sin embargo, ese concepto es crucial en un mundo complejísimo, lleno de capas de relaciones y también de intereses, como el nuestro. Sin Estado de Derecho, o sea, sin imperio de la ley, sin separación de poderes, sin control del poder por otros poderes, sin meritocracia, sin igualdad de oportunidades, sin justicia imparcial, hay corrupción, hay capitalismo de amiguetes, hay discriminación, hay injusticias y hay desigualdad; sin Estado de Derecho no hay, en definitiva, verdadera democracia. Y no la hay porque votar cada cuatro años no es suficiente para tener una democracia avanzada. Hay países en los que se vota pero que difícilmente podríamos decir que son verdaderas democracias, porque no hay normas que controlen al poder –ni siquiera las que rijan esas votaciones- ni unos checks and balances, ni una verdadera separación de poderes de toda la vida,  que hagan el ejercicio de la democracia justo y eficiente.

En España quizá la situación no es como la de Venezuela o Rusia, pero sabemos que la mayoría de los ciudadanos tiene la sensación de que en este momento en nuestro país se ha producido una decadencia notable de ese armazón de la democracia que es el Estado de Derecho, y que eso está convirtiendo a nuestro sistema en una democracia de baja calidad que, por un lado, deteriora la justicia, la cultura del mérito y la calidad de vida de todos y, encima, incita peligrosamente el crecimiento de movimientos populistas que ofrecen al ciudadano disgustado soluciones aparentemente fáciles a situaciones que, como bien decía Churchill, muchas veces exigirán sangre, sudor y lágrimas. No hay más que atender a los medios de comunicación para comprobar que el descontrol administrativo ha permitido una corrupción política de primer orden, sin que políticamente ocurra nada porque hay que respetar la  “presunción de inocencia”; o constatar que la justicia no es igual para todos y los más poderosos se libren por doctrinas de nuevo cuño como la llamada doctrina Botín, broten inadecuados indultos a banqueros poderosos o la fiscalía se convierta en abogado defensor de la Infanta; o que el parlamento sea no un lugar donde se debate sino un simple altavoz de lo que decide la cúpula del partido; o que en determinados territorios no se apliquen las normas legales y las sentencias. Y tantas otras cosas.

No es cuestión de profundizar ahora en las causas de ese deterioro pero, desde nuestro punto de vista, una de las principales es la institucional: la progresiva politización de los órganos democráticos e instituciones diversas por un predominio excesivo de los partidos en todos los ámbitos del Estado, ha llevado a que aquéllas no cumplan debidamente su función de controlar, exigir responsabilidades, equilibrar; lo que en los países anglosajones se llaman checks and balances. Por supuesto, hay otras razones como puedan ser las éticas, las culturales y tampoco es exclusivo este problema de nuestro país; pero lo que sí es constatable es que el padecimiento es en España agudo, quizá por su falta de cultura y experiencia democráticas y por la necesidad de lograr en la Transición una estabilidad que nos alejara anteriores experiencias traumáticas, pero que quizá ha conducido finalmente a la partitocracia  y a la corrupción.

En la Fundación estamos convencidos de que esta cuestión no es un simple prurito de pureza o de justicia al alcance de unos pocos profesionales dedicados al Derecho, como alguno de nosotros, sino que es algo que incumbe a todos los ciudadanos porque está hoy bastante claro que el progreso económico de un país y su triunfo o fracaso está fuertemente ligado al funcionamiento correcto de sus instituciones: estas facilitan el crecimiento o lo pueden ahogar.

También pensamos que la solución está en nuestras manos, en las de la sociedad civil, que debe exigir aquello a lo que considere tiene derecho o le sea útil porque en una sociedad madura y mayor de edad nadie lo va a hacer por nosotros. La Fundación es nuestra pequeña contribución a ello; y también puede ser de usted si nos ayuda con su aportación.

 

Artículo escrito por Ignacio Gomá Lanzón
Presidente de la Fundación ¿HAY DERECHO? •  www.fundacionhayderecho.com
Publicado en el nº 10 de la revista Ideas Imprescindibles

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