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No más recursos humanos… ¡Bienvenido potencial humano!

Aún es vigente que en la mayoría de instituciones públicas y privadas exista un área dedicada a los Recursos Humanos (RRHH). Desde la formación, existen perfeccionamientos y títulos de máster en dicha materia, orientados desde las ramas de ciencias sociales, donde se forma en ámbitos de gestión, estrategias, técnicas e instrumentos variados para aplicar en una organización. Leer más

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La inversión de impacto social sale de su escondite, según The Economist y Forbes

De la inversión de impacto social hemos podido escuchar que “es una moda”, que es una quimera de ingenuos y que lo social no es rentable por definición. A principios del año pasado, en los habituales Encuentros de la Bolsa Social, los expertos del sector reconocían que todavía quedaba mucho prejuicio por romper en España. Leer más

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Joan Antoni Melé: “El dinero son relaciones humanas”

¿La economía actual no es humana? Con esta introducción ‘provocadora’ Joan Antoni Melé comenzaba el último encuentro de Ideas Imprescindibles celebrado el pasado jueves 20 de octubre en CaixaForum Barcelona. Durante la conferencia, Melé nos invitó a reflexionar acerca de la problemática que estamos viviendo en el mundo. “El 1% de la población mundial tiene más riqueza que el 99% restante”, datos tan alarmantes nos llevan a analizar la insostenibilidad de una sociedad basada en el crecimiento económico. Un mercado que no tiene leyes y en el que “el 98% del dinero que se mueve en el mundo es pura especulación”.


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Dinero y espiritualidad (capítulo 2)

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¿Es importante el dinero?
Seguramente, esta pregunta aúne un consenso difícil de encontrar en otros asuntos entre las ramas que estudian al ser humano tales como la psicología, la ciencia, la filosofía y hasta, posiblemente, la religión. La mayoría de las respuestas dirían sí, en mayor o menor medida. Cuando menos, y como dicen los expertos que estudian el concepto de –felicidad-, el dinero es importante para “cubrir” los mínimos necesarios que toda persona necesita, como una alimentación , vivienda y salud que nos garanticen un mínimo bienestar social. Está claro que la cultura así nos lo enseña, y no seré yo quien lo niegue en absoluto.

Como manifestamos en el Capítulo 1, esta serie de Reflexiones sobre el Dinero y la Espiritualidad no tiene como objeto divulgar lecciones de ciencia, ni mucho menos, pero sí pinceladas que nos permita abrir un poquito nuestra mente, que nos ayude a pensar de una manera diferente a como hasta ahora en nuestras vidas lo hemos hecho. A este respecto, hay muchos científicos que explican que nuestro Universo y nuestro planeta Tierra no es lo que vemos, sino un holograma, una ilusión! ¿Pueden imaginarse que realmente no vivimos esta realidad, que estamos “soñando”? Quizás no nos hemos enterado, y estamos aquí infelices y preocupados, entre otras cosas, por el dinero cuando no estamos más que en un sueño, placentero o pesadilla según lo interpretemos… Otra parte de la Ciencia defiende y expone la existencia de Universos Paralelos. Les invito a reflexionar bajo la misma analogía. Pero si, por el contrario, pertenecemos a la mayoría de ciudadanos que creemos que este mundo es lo que vemos y presuntamente conocemos, y es lo único que existe, es normal apreciar el dinero porque asumimos lo que el mismo de felicidad nos proporciona. El dinero nos permite acceder a buenos médicos, y sin salud yo no soy feliz. Si no tengo trabajo y no tengo dinero, no seré feliz. Sin dinero no puedo educar a mis hijos, ni puedo viajar, ni puedo ir a un partido de fútbol , un concierto, o una obra de teatro. Todo esto nos hace feliz. Y sin dinero…. ¿Pero es realmente así? Si reflexionamos a conciencia, no queremos el dinero en sí, mas la Felicidad que dicho dinero supuestamente nos permite alcanzar. El dinero como medio, no como fin.

Todo lo que hacemos en nuestras vidas tiene un solo objetivo: SER FELIZ! Nadie se casa pensando que le va a causar un problema (aunque las estadísticas luego sean otras), o hace una carrera universitaria asumiendo que no le servirá para encontrar trabajo, o se compra un coche para sufrir, o tiene hijos porque quiere problemas, etc… Analicemos un segundo: ¿hemos hecho algo en nuestras vidas que, de forma consciente”, hemos elegido hacer para que nos reste alegría y felicidad? Jamás. Le pido por un instante que se autoevalúe el grado de Felicidad actual, en una escala del 0 al 10. Cero significa total sufrimiento y nada de felicidad, y 10 significa nada de sufrimiento, completa felicidad. Si su respuesta es 10, le doy las gracias por seguir leyendo este post si lo desea, pero sin duda no le será necesario. Si su respuesta es cualquier número por debajo de 10, quizás podamos juntos descubrir alguna razón al respecto… Retomando nuestro razonamiento, entonces acordamos que el juego de la vida no es tener dinero, sino ¡ser feliz! Ah, casi se me olvidaba: nuestra cultura dice que para ser feliz, el dinero es un requisito imprescindible…. ¿Han conocido alguna vez alguna persona cercana, algún amigo o familiar, o alguna persona religiosa, cooperante, misionera, etc que sea “pobre” -materialmente hablando- y que sea feliz al mismo tiempo? Si su respuesta es SI, aunque sea solo una; o si su respuesta es “no es lo normal”, son “excepciones”, “personas raras”, “mártires”, “gente muy buena”, “santos”; si alguna de estas dos es su respuesta, entonces ha verificado que el dinero NO es un requisito imprescindible para ser feliz. Abramos nuestra mente! Sabemos que Sí se puede ser feliz, incluso con ausencia o escasez de dinero, aunque a nosotros nos parezca extremadamente complicado.

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Con esta información en mente, procedamos a realizar una dura introspección: ¿Estaríamos dispuestos a cambiar nuestras vidas si se presentara ante nosotros Dios, o para aquellos que no creen en Dios se presentara ante nosotros un maestro, vidente, o una entidad imaginaria que proyectara nuestro futuro, que nos diera la fórmula mágica para alcanzar nuestra felicidad, y quien nos dijera las cosas que debemos hacer y cuyo cumplimiento garantizara nuestra eterna Felicidad y la imperturbabilidad ante las acciones que hoy por hoy nos disgustan o enfadan, o simplemente, merman nuestra alegría? Centrémonos en si, en términos generales, usted aceptaría cambiar su vida incondicionalmente a cambio de esa Felicidad con Mayúsculas.

a) Si respondemos que NO, tenemos claramente un problema interior. Habría que analizar qué nos sucede en nuestro subconsciente que nos lleva a no querer cambios, a mortificarnos y preferir estar infelices en esta vida.

b) Si la respuesta por el contrario es un SÍ incondicional, porque sabemos a ciencia cierta (asumamos que es 100% seguro) que lograríamos un estado placentero de constante bienestar, permítame seguir yendo más lejos en la severa introspección.

La fórmula mágica que Dios o la Entidad le proporcionaría es: “Deje su puesto de trabajo, deje su familia, y váyase de voluntario a este país X, y no se preocupe por su familia que estarán perfectamente y siempre contentos”. Esta nueva labor suya le hará 100% feliz, siempre. ¿Lo haría? ¿Qué sensación le ha producido sólo pensarlo? Se ha sentido mal, triste, molesto, irritado? O por el contrario, emocionado, ilusionado, con ganas?

Si usted prefiere, lo suavizamos un poco, y asumamos que no hay necesidad de abandonar a la familia aunque se nos ha garantizado que ellos serían felices igualmente. En este nuevo escenario, usted debe abandonar su vida actual, su casa, sus amigos , sus posesiones, su país, y se traslada con su familia a un país con menores recursos con el objetivo de ayudar a gente enferma. ¿Lo haría mañana mismo? Si somos sinceros, quizás es difícil responder un sí rotundo sin titubear, sin mirar atrás. Entonces, ¿qué sucede? ¿Por qué no nos tiramos de cabeza a cualquier proyecto de vida que nos garantice una Felicidad al 100%?

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Dicen los expertos que el ser humano solamente actúa en base a 2 emociones primarias: o actuamos por Amor, o actuamos por su opuesto, que es el Miedo… Y la mayoría de las veces, sin ser conscientes, actuamos en nuestras vidas motivados por miedos. Miedos de todo tipo. Subproductos del miedo son el odio, el rencor, celos, envidia, vergüenza, malhumor, desconfianza, temor, incertidumbre, pesimismo, etc Subproductos del Amor son la compasión, el perdón, la comprensión, la empatía, la generosidad, tolerancia, etc. Y, ¿cómo no vamos a tener miedo a vivir bajo un paradigma diferente al que nuestra
cultura y/o religión nos ha inculcado desde pequeños, vía nuestros padres y abuelos, vía el colegio, vía los valores impuestos en la sociedad, vía las tradiciones, etc? Me dice usted que deje mi hogar en España o en el país que resido, donde más o menos “vivo” conforme me han enseñado, con mi trabajo, mi familia, mis aficiones, y mis problemas pero que en conjunto acepto, para irme a un sitio lejano, dejando todo atrás? …. Sí, sí, es que se le garantiza su felicidad plena! Uff, qué difícil; …me parece un riesgo. No gracias.

“…No puedo irme porque quiero la felicidad de mis hijos, no la mía. Esa es mi receta de la felicidad: ver felices a mis hijos, a mi familia” De acuerdo, dejemos entonces que sean ellos los que se vayan de cooperantes o voluntarios, y usted se queda. ¿Le parece bien? ¿Qué queremos entonces? ¿Queremos ser felices? ¿O queremos alcanzar la situación que nosotros creemos es la “ideal” para inhalar la felicidad que se nos ha inculcado desde pequeños?

Sigamos con la introspección y hagamos ahora el ejercicio contrario: Haga una carta a los Reyes Magos con todo aquello que quiere para su vida, quedándose a vivir en su ciudad si lo desea, con su familia, eliminando todas sus deudas, con las casas y coches que deseen, con un trabajo excelente, sin enfermedades, con los hijos responsables, etc..Pero con una condición: eligiendo todo lo que usted quiera, se le garantiza que NO alcanzará el 100% de felicidad, aunque usted escriba su carta tal y como le plazca mejor con todos sus deseos. ¿Qué elegiría? La opción de cambiar y migrar de país y de estilo de vida?; la opción de quedarse y elegir lo que creo “necesito” o “quiero” a día de hoy?; o la opción de “no hacer nada”, y quedarme como estoy aún sabiendo que no soy siempre feliz, que tengo mis momentos tristes, de angustia, o de enfado, aunque sean menores que los momentos de felicidad?

La epigenética ha demostrado, genéricamente hablando, que la expresión de nuestros genes se ve directamente influida por la percepción de ideas y conceptos adquiridos, por nuestro sistema de creencias. En mayor o menor medida, todos nosotros hemos sido educados en dogmas tales como “cuanto más mejor”, el dinero es necesario, los penas con pan son menos, los problemas que trae el dinero son preferibles a los problemas derivados de no tener dinero, etc.Igual estamos atrapados en unos conceptos que damos por válidos sin discusión, pero que vistos los resultados, no parecen ser la mejor fórmula. Comentábamos en el primer capítulo los niveles de estrés detectados en España y en el mundo occidental. Estrés sabemos que es inversamente proporcional a un estado interior de paz, plenitud y felicidad.

Y si creemos que la respuesta es la crisis económica, mi trabajo, mi hipoteca o similares, seguiremos echando gasolina a un incendio interno que no vemos. Por supuesto, tener dinero no es nada malo, al contrario, que no se malentienda. Es una herramienta más con la que debemos convivir, aunque no la llave a la puerta del descanso. Sin duda, todos tendríamos todo lo que necesitamos y queremos, abundancia materialmente hablando, con un mayor nivel de consciencia de la población, si bien esto lleva mucho tiempo y es la asignatura que todos debemos aprender y en ello estamos.

¿Esta usted dispuesto a cambiar el foco de lo que queremos, y aceptar nuevas fórmulas de la felicidad? Realmente quiere pasar esta vida “luchando” como nos han inculcado, o mejor disfrutar esta vida siendo feliz? Mi experiencia profesional me ha demostrado que las familias con mucho dinero, normalmente son, cuando menos, igual de felices o infelices que las familias sin recursos. El dinero en absoluto les ha evitado el sufrimiento, y en muchos casos, como lo vemos a diario en las noticias, los crea y agrava.

Sí se puede ser feliz con dinero, por supuesto! El problema no es este. El asunto es: ¿Cambiaría el dinero por ser feliz? ¿Qué queremos para nuestras vidas, y para la de nuestros seres queridos? ¿A qué le tenemos Miedo?¿Hemos nacido para ganar dinero? O hemos nacido para aprender a ser FELICES?

Muchas gracias de corazón por su tolerancia y comprensión

Dinero y espiritualidad

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¿Son compatibles ambos términos? ¿Por qué tenemos la impresión de que los altos ejecutivos, empresarios, millonarios y grandes empresas viven dando la espalda al crecimiento del ser humano, no teniendo entre sus prioridades el bienestar de sus congéneres, mas el crecimiento de sus cuentas de resultados, fortunas o retribuciones salariales? La ciencia moderna está dando respuesta a estas y otras cuestiones similares. Hoy en día la información que día a día vamos conociendo por medio de los físicos y científicos más importantes del siglo XX y XXI nos demuestra que vivimos dentro de una gran ignorancia. No es objeto del presente artículo entrar en los descubrimientos que la ciencia está revelando a la sociedad, que nos parecen más ciencia ficción que ciencia, y de los que abordaremos en futuros artículos, pero déjenme esbozar unas simples pinceladas: ¿qué porcentaje del cerebro usamos normalmente? ¿de cuánta información somos conscientes?

Aproximadamente, un 10% del mismo, y no más de un 5% de la información. Es decir, podemos creer que el 100% de lo que hacemos es porque queremos. No es así. El subconsciente manda en nuestras vidas un 95% del tiempo. Parece claro que me estoy perdiendo casi la película entera de la vida, de lo que está sucediendo, de quiénes somos y de por qué actuamos como lo hacemos. Nos resulta muy difícil vivir alejados del mundo que “vemos” y que creemos “conscientemente” existe, y por ello, sin querer participamos como individuos en el ejército de sociedad materialista que conforma el mundo que llamamos desarrollado. Y no “materialista” como término derivado de bienes materiales, sino como derivación de la materia, frente a su dualidad, el espíritu. Por aquí podríamos tener un primer acercamiento a la respuesta de la pregunta inicial. ¿Qué mejor ejemplo de apego a la materia que las posesiones materiales que consideramos, razonablemente, tan importantes? ¿O es que ninguno queremos el mejor colegio posible para nuestros hijos, el mejor trabajo, el mejor bienestar material posible sin caer en la avaricia y derroche, la mayor salud posible, etc? No es de extrañar, poniendo como ejemplo España, que más de 6 millones de personas tengan depresión, que uno de cada 3 españoles haya consumido ansiolíticos en el último año, o que España esté teniendo el nivel más alto de estrés de Europa, donde un 74% de los españoles manifiesta preocupación por su economía. Por ello Dinero y Conciencia/Espiritualidad no casan, nos rechina (perdonen la generalización, que todos sabemos es siempre injusta).

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Nuestro Inconsciente colectivo puede tener información grabada de que Gente Rica cuasi equivale a Gente menos humana, con menos valores de Amor. ¿Es verdad? Particularmente creo que no. No obstante, en mi personal trayectoria profesional, sí puedo constatar que el mundo de los negocios y el mundo de las finanzas, son un mundo de “lucha”. Qué difícil es hacer un negocio sin contratos, sin abogados, sin pensar en todas las posibilidades negativas que la contraparte me puede hacer, sin analizar cómo quitarle a la competencia, cómo vender más creando continuas nuevas necesidades al consumidor, cómo pagar los menos impuestos posibles, cómo ser eficientes, tener los mejores empleados para la empresa, cómo crecer año a año, cómo ganar más dinero, etc. ¿Es una lucha constante? ¿Y me habla usted de Espiritualidad y Conciencia en este mundo de los negocios? La respuesta es SÍ, y es una enorme alegría. Afortunadamente, se pueden hacer negocios con conciencia, se puede generar riqueza material y a la vez riqueza espiritual.

Personalmente siempre digo que el planeta Tierra, con Oriente y Occidente como polos opuestos, se unen hoy en día como el símbolo del Infinito. ¿En qué sentido? En pleno 2016, vemos cómo cada vez más en España, Europa, EEUU y el mundo occidental desarrollado buscamos técnicas espirituales orientales, cada día practicamos más yoga, se enseña Mindfluness en los colegios (sí, hasta en España), buscamos libros de crecimiento personal, leemos sobre física cuántica, escuchamos gurús del New Age, nos preguntamos sobre cuestiones metafísicas y filosóficas que hace 25 años, no más, sonaban a propagandista bajo efectos de sustancias psicotrópicas. Es decir, Occidente llama a la puerta de Oriente. Y ¿qué hace Oriente? Cerrar el símbolo del Infinito viniendo a comprar, nunca mejor dicho, nuestros valores materiales occidentales. Y así tenemos al Imperio Chino, Indio, y demás asiáticos como los nuevos grandes consumidores del mundo, allá donde las finanzas corren firmes para no perderse la fiesta. Ya en Estados Unidos fundamentalmente, pero también en UK y otros países, se han creado asociaciones que recogen a Empresas y Empresarios “CONSCIENTES”. Hay una incipiente, pero muy importante corriente en estos países, que está provocando un Cambio de Paradigma en la forma de hacer negocios, en la forma de manejar las Finanzas. Ya no importa sólo la última línea de la Cuenta de Resultados, también importan la felicidad de los trabajadores, la calidad del producto, el trato a los clientes y proveedores, y el cuidado del Medio Ambiente. Y curiosamente, sus negocios crecen, aunque gasten más en empleados, en bienestar dentro de las empresas. ¿Por qué? Una vez más, la ciencia también nos está dando las respuestas.

Todo ser humano busca en su vida una única cosa: ser FELIZ. Y la ciencia está demostrando porqué un entorno consciente nos hace felices, y nos hace por ende, mejores y más eficientes empleados, ejecutivos y empresarios, mejores personas, mejores miembros de nuestras familias, mejores amigos, y en el caso de los negocios, mejores y más asiduos clientes, provocando más crecimiento de negocio para la empresa y con mejores márgenes de rentabilidad. Hay muchos ejemplos de empresas y empresarios conscientes, aunque sigan siendo una minoría en el macro escenario de las finanzas mundiales: TipTree, TradeMark, WholeFoods, John Mackey, Andrew Thornton, Jon Freeman, etc. Estamos hablando de compañías líderes mundiales en sus sectores, con billones de facturación. Demos la bienvenida, de corazón, al Capitalismo Consciente. Es la vanguardia a nivel empresarial, cada día con más importancia. Desde aquí le invito a convertirse en una persona de negocios consciente. Participe con él y de él. Le aportará mayores recursos y mayor felicidad, a su empresa, y a su esencia de ser. Permítanme un último apunte: Las universidades y escuelas de Negocio más prestigiosas están recogiendo este testigo, y se está trabajando a marchas forzadas en nuevos modelos educativos para enseñar cómo hacer negocios de una forma más consciente. Todos sabemos que el curso de la Universidad más famosa del mundo, Harward University, que año tras año era el más solicitado por todos los alumnos de cualquiera de sus facultades, era el curso de la Felicidad impartido entonces por Tal Ben-Shahar.

Este pasado año 2015, en Barcelona, la prestigiosa escuela de negocios ESADE, desarrolló una convención internacional muy importante titulada “Spirituality in Management”, Espiritualidad en la Gestión y Dirección de Negocios y Empresas. Así es, el nuevo Paradigma Científico de nuestros días, tiene sus ramificaciones no sólo a nivel personal y de crecimiento del ser humano, sino a nivel colectivo y empresarial, transformando el mundo de las Finanzas y Negocios, donde el dinero seguirá siendo muy importante, pero ya no lo más importante, o lo único importante. La empresa y las finanzas serán una herramienta más de nuestra evolución en el desarrollo de Consciencia, y no un mero fin para la consecución de bienes materiales.

 

Artículo escrito por Iñaki Gil • Consultor y coach para personas y empresas

Publicado en el nº 9 de la revista Ideas Imprescindibles

El dinero sí da la felicidad

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Estamos acostumbrados a escuchar lo contrario. Woody Allen tomó posición con su habitual sorna: “El dinero no da la felicidad, pero da algo que se le parece mucho”. Fuera de bromas, lo que quiero decir es que lo que te hace más feliz de tener dinero es darlo, no atesorarlo.

La ciencia muestra el efecto benéfico que tiene donar para la gente. Los neurocientíficos han hallado que el acto de donar activa los centros de placer en forma parecida a como lo hace cuando comemos chocolate o tenemos sexo.

No obstante, creo que la gente debe donar por motivos más elevados que sentir un cierto bienestar. Por eso, quienes nos dedicamos a la captación de fondos (o fundraising, como se denomina en inglés) apelamos a razones morales. No debemos reducir el acto altruista a una simple forma de sentirnos bien, reforzando con ello un estilo de vida hedonista de mirada estrecha muy extendido en nuestra sociedad.

La solidaridad es, además de fuente de bienestar, la argamasa que cohesiona la sociedad. Ya los antiguos griegos, los primeros que empezaron a pensar sobre la vida social, acuñaron el término filantropía, literalmente “amor a la humanidad”, para explicar la inclinación a dar. Desde entonces, el pensamiento ético ha alabado la bondad de dar. Cada escuela lo justifica de una manera. Para los utilitarios, procura felicidad. Para los kantianos, es un imperativo. Para otros es una virtud.

Cualquiera que sea la teoría moral, dar es bueno. Hasta el punto de que lo contrario, no dar, puede considerarse censurable. El filósofo Peter Singer planteó esta situación: adviertes que un niño ha caído a un estanque poco profundo. Si te metes en él para rescatarle arruinarás tu elegante ropa. ¿Debes salvar al niño? La mayoría dirá que sí. El precio de limpiar tu ropa parece algo pequeño en relación al valor de una vida. ¿La respuesta seguirá siendo la misma si hay más personas alrededor que han visto lo que sucede? Sí, cualquier persona solidaria se sentirá en la obligación de actuar incluso cuando otros podrían hacerlo en su lugar. Por último, planteó qué se debe hacer cuando sabes que ese niño en peligro está lejos de ti, en otro país, cuando podrías salvarle con un pequeño coste (por ejemplo, menos de lo que te costaría llevar el traje o vestido a la lavandería). ¿Debes hacer algo? Singer dice que sí. Yo creo, como él, que podemos apoyar a ONG eficaces con aportaciones dentro de nuestras posibilidades económicas que se traducirán en beneficios vitales para otras personas o en otros bienes (proteger a animales o preservar el patrimonio artístico, por ejemplo).

Excepto quienes están agobiados por la cobertura de sus necesidades básicas, toda persona puede aportar algo de su dinero excedente. Sobre todo, puede elegir donarlo en lugar de gastarlo en algo que realmente no necesita. Lo mismo podríamos decir del tiempo. Por más que sea hoy día un bien escaso, siempre nos puede sobrar algo para dedicarlo al voluntariado. No hay más que ver el tiempo medio que un español dedica a ver la televisión cada semana (casi 16 horas) con el que destina a la participación asociativa (9 minutos).

Está claro que dar es bueno para ti tanto como lo es para quienes se benefician de tu donación. No lo dudes. El único interrogante que debes plantearte es a quién dar.

 

Artículo escrito por Agustín Pérez, director de Ágora Social – www.agorasocial.com

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La Revolución del dinero

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La idea de una “revolución” suele ir asociada a un cambio violento y radical en las instituciones. Sin embargo, quizás la próxima revolución no necesite la violencia para ponerse en marcha y la tengamos muy a mano, exactamente al alcance del bolsillo. ¿Te has preguntado alguna vez por qué compras los productos que compras? ¿Y por qué compras siempre en los mismos establecimientos? El impacto que tiene el uso que hacemos del dinero nos convierte en seres muy poderosos y lo más paradójico es que la mayoría no somos conscientes. ¿Qué ocurriría, por ejemplo, si sólo comprásemos productos de empresas socialmente responsables? ¿Qué efectos tendría sobre el sistema económico si dejáramos de trabajar con bancos que han sido denunciados por malas prácticas? ¿O si no comprásemos productos a empresas que experimentan con animales?

El poder que tenemos los consumidores sobre las empresas es mucho mayor de lo que pensamos. Si todos cambiásemos nuestros hábitos de consumo, ahorro e inversión, removeríamos los cimientos del actual modelo económico. Hacer un uso responsable del dinero puede convertirse en un acto revolucionario que ponga fin a este colapso de la economía especulativa al que hemos llamado “crisis”. Las pequeñas decisiones, como comprar un refresco o abrir una cuenta corriente, podrían cambiar el mundo. En un escenario así el papel de la llamada banca ética puede ser determinante.

Las entidades bancarias éticas solo conceden créditos a empresas o particulares que fomenten la economía real, promuevan beneficios medioambientales y generen servicios que prioricen el comercio justo y la ayuda social.

Las personas deben poner el dinero donde estén sus valores. Los problemas del mundo son en el fondo el reflejo de nuestros propios problemas y contradicciones. No podemos esperar a que los gobiernos los solucionen, debemos ser nosotros quienes asumamos esa responsabilidad. Y un uso responsable y consciente de nuestro dinero puede ser el primer paso de una nueva revolución, pacífica y silenciosa, que transforme nuestro sistema económico en un sistema más justo y sostenible. Para ello es imprescindible cambiar el miedo, la codicia y las ansias de poder (motivaciones habituales en nuestra relación con el dinero) por cooperación, respeto y sed de justicia.

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Riqueza extrema y abuso de poder

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A finales del pasado mes de enero Intermón Oxfam publicó el informe “Gobernar para las élites. Secuestro democrático y desigualdad económica”. En el informe, Intermón Oxfam concluía que casi la mitad de la riqueza mundial está en manos del 1% más rico de la población, y la otra mitad se reparte entre el 99% restante. La riqueza de ese 1% asciende a 110 billones de dólares.

En concreto, en España, las 20 personas más ricas poseen una fortuna similar a los ingresos del 20% de la población más pobre y estas cifras nos convierten hoy en el segundo país más desigual de la Unión Europea, superado sólo por Letonia.

Según Intermón Oxfam “existen grupos, empresas e individuos con un gran poder económico que influyen sobre las instituciones y que, en ocasiones incluso las capturan, consiguiendo tratos a favor de unas élites en la definición de leyes y normativas. Son privilegios para unos pocos, mientras el esfuerzo, sobre todo la mayor carga fiscal, recae sobre la gran mayoría”.

 

 

Para Intermón Oxfam la masiva concentración de los recursos económicos en manos de unos pocos supone una gran amenaza para las democracias. Por esa razón, la ONG propone una batería de siete acciones urgentes:

  1. Modificar los sistemas tributarios
  2. Destinar el dinero de los impuestos a los ciudadanos
  3. Luchar contra el fraude fiscal
  4. Prohibir los paraísos fiscales
  5. No ceder a los grupos de presión
  6. Menos austeridad y más justicia social
  7. Fortalecer la democrática participativa

 

Si quieres leer el informe completo, haz clic aquí.

 

 

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El emprendimiento en las economías emergentes

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En los países subdesarrollados el ingenio es crucial para mejorar las condiciones de vida. Por ejemplo, Mansukh Prajapati, un alfarero de la India, ha inventado una nevera fabricada únicamente con barro y que no consume electricidad. La nevera puede mantener frescas durante varios días frutas y verduras.

En África existen emprendedores que han inventado cargadores para móvil que funcionan con bicicletas. Y en Perú, en una de las zonas más secas del planeta, un ingeniero ha inventado una valla publicitaria que es capaz de absorber la humedad del aire y convertirla en agua destilada, generando al día unos noventa litros.

Muchos de estos emprendedores ni siquiera tienen estudios primarios y en ningún caso disponen de tecnología avanzada ni  laboratorios sofisticados. Son la prueba de que, por encima de los grandes presupuestos, el ingenio humano es el recurso más poderoso que existe.

Según Navi Radjou, experto en emprendimiento en países en vías de desarrollo, a esta habilidad en India se la denomina “jugaad”, una palabra hindi que viene a significar “una solución improvisada e inteligente que surge ante situaciones adversas”. Las soluciones “jugaad” no son sofisticadas ni perfectas, pero crean una alto valor a un coste muy bajo. Estos emprendedores son una especie de alquimistas del siglo XXI, su ingenio transforma la adversidad en oportunidad y son maestros en el arte de obtener más con menos; son capaces de crear valor económico y social utilizando recursos muy limitados.

En las economías emergentes existen numerosos ejemplos de iniciativas empresariales de estas características.

En China, Neusoft, una gran compañía de software, ha desarrollado una solución de telemedicina que permite a los médicos atender de forma remota a enfermos que viven en zonas alejadas y desfavorecidas. La solución se basa en la utilización de dispositivos móviles que los enfermeros de clínicas rurales pueden usar con mucha facilidad. Este tipo de iniciativas son muy necesarias si tenemos en cuenta que China en el año 2050 será el hogar de 500 millones de ancianos.

En Kenia, la mitad de la población son clientes de M-Pesa, una compañía de telefonía móvil que ofrece sus servicios mediante tarjetas prepago, una solución muy útil en un continente donde el 80% de sus habitantes no disponen de cuenta bancaria.

También en Kenia, la compañía M-KOPA ofrece una solución de energía solar que se comercializa dentro de una pequeña caja que contiene un panel solar, tres luces LED, una radio y un cargador para el móvil. El kit cuesta 200$, una cantidad desorbitada para muchos kenianos, pero puede adquirirse con un pago inicial de 35$ y micropagos diarios de 45 centavos.

Todos estos modelos de negocio disruptivos ofrecen nuevas soluciones para un mundo que requiere más imaginación que nunca.

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Crowdfunding, el impulso de la cooperación colectiva

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410 millones de euros. Ésta es la cantidad que recaudó el año pasado GoFundMe, la mayor plataforma de crowdfunding. Seguida de cerca por Kickstarter, con 390 millones de euros. Y es que el fenómeno de la financiación colectiva es, desde hace unos años, una opción real para todas aquellas iniciativas que no disponen de recursos para lanzarse. Una alternativa a los modelos tradicionales de financiación para artistas, creadores, colectivos, etc. basada en el micromecenazgo. Mediante micro pagos cualquier persona interesada en un proyecto puede realizar su aportación. Si el proyecto consigue la financiación suficiente para llevarse a cabo, el “mecenas” recibe una recompensa (estipulada por el creador).

Si bien estas plataformas online han desarrollado todo el potencial de este sistema, hay precedentes en la historia. Uno de los pioneros del micromecenazgo en la industria de la música fue el grupo británico de rock Marillion. En 1997, los fans estadounidenses financiaron su gira por EE.UU -cuyo coste fue de 60.000 dólares- gracias a sus donaciones.

Los datos hablan por sí solos. Cada vez parece más viable apostar por un emprendimiento. La cooperación colectiva permite hacer realidad ideas que antes se quedaban en un cajón por falta de apoyo. Como dicen desde Verkami, la plataforma española de crowdfunding, “ideas + micro aportaciones = proyectos”.

Además, cada plataforma se ha especializado en un tipo de proyectos. Como señalan en eldiario.es, mientras GoFundMe impulsa causas solidarias, proyectos personales o campañas enmarcadas en categorías como salud, educación, voluntariado o deportes, en Kickstarter la tecnología es protagonista.