Aquí tienes todas las respuestas

¿Quizá todo lo que he olvidado sea lo que más me beneficia ahora en mi vida? ¿Quizá muchas de las cosas que aprendí en el pasado ya no me funcionan en el presente? y ¿quizá mucho de lo que hoy en día “creo” no me acompaña para hacerme feliz sino para protegerme?

¿A lo mejor si recorriéramos nuestra vida hasta un momento en el que nos sintamos plena y absolutamente felices llegaríamos a la infancia? ¿Era ese el momento de nuestra vida en el que menos recursos teníamos y más vulnerables parecíamos? ¿Los niños que algún día fuimos no salían siempre adelante, se peleaban, lloraban, se equivocaban casi cada día, discutían a gritos, magullaban sus rodillas, se hacían heridas, se enfrentaban en cada momento a la mayor de las incertidumbres, casi no sabían caminar, se les caían los dientes, se les quedaba pequeña la ropa, no sabían atarse sus cordones, les daban de comer, actuaban, luchaban por lo que querían, costase lo que costase y prácticamente todos los días se enfrentaban a una nueva experiencia por primera vez? ¿Acaso no eran felices? ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez?

¿Es posible que fuéramos inmensamente felices sin saberlo?, ¿sin preguntarnos cómo o por qué?; ¿quizá simplemente éramos, lo que quiera que fuéramos y algo en el camino de nuestro desarrollo fuimos olvidando hasta el momento actual? ¿Puede que no hiciera falta hacer nada, simplemente dejarse llevar, fluir, disfrutar, sonreír y aprender de cada situación a la que nos enfrentábamos? ¿Y si nos diésemos cuenta de que nacimos libres de miedos y poco a poco se los fuimos comprando de los demás? ¿de nuestros padres?, ¿de nuestro entorno familiar?, ¿de nuestra sociedad?, ¿nos creamos los nuestros propios quizá?

¿Será que el miedo es necesario para protegernos? ¿Pero de qué? ¿De quién? ¿Alguna vez has mirado de frente a tu miedo y le has preguntado: “¿qué estás protegiendo, miedo?”? ¿Y si pruebas?, ¿puede que te sorprendiera la respuesta? ¿Y si muchos de estos miedos ya no protegen nada, solo nos limitan? ¿Y si otros de estos miedos llevan tanto tiempo con nosotros que se han hecho grandes muros de protección que en algunos casos aprietan tanto lo que protegen que finalmente lo asfixian, lo estrangulan? ¿Puede que los miedos protejan lo que amamos y a veces demasiado; tanto que lo perdemos, por el miedo a perderlo? ¿Podría ser que el temor fuera lo contrario al amor y que temer fuera lo contrario a amar? ¿Y si todo lo que se aleje de la capacidad de “dejar ser” no fuera amor, sino alguna forma de apego?

¿Y si te dijera que la palabra Amor viene de amort, y que significa hacia la muerte o hasta la muerte? ¿Y si realmente eso fuera amar, sin medida, sin tiempo, sin cuerpo? ¿Y si el amor en su máxima intensidad se transformara en la Paz, en la paz con nosotros mismos, paz con las personas que elegimos a nuestro lado, la paz con el mundo; la Paz?

¿Quizá nos hacemos demasiadas preguntas? ¿Pasaremos demasiado tiempo en el mundo de la mente y poco en el de los sentidos? ¿ Y si en el pasado, presente y futuro, solo hay uno de ellos que es tangible, posible y vivible? ¿Existe tristeza en el atardecer, en la gota de lluvia sobre la frente, en el horizonte del mar, en el olor a hierba mojada, en la caricia que eriza la piel, en el fa sostenido de un piano de cola, en lo salado en la punta de la lengua o en la textura de la arena bajo la planta de nuestros pies?

¿Has estado triste? ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo sabes que eso es tristeza? ¿Necesitas quizá saber cómo te sientes cuando estás alegre? ¿Y si necesitamos de la tristeza para medir nuestra alegría? ¿Por qué creemos que estar triste es algo malo? ¿Por qué tratamos de salir rápidamente de nuestra tristeza sin aprender nada? ¿Y si te dijera que es la emoción de la que más se aprende? ¿Y si fuera necesaria? ¿Crees en el equilibrio?

¿Y si comenzamos de nuevo? ¿Y si nos dejamos de creer el cuento que nos contamos o el que nos contaron? ¿Y si dejamos de ser infelices, guapos, feos, tristes, inútiles, pobres o desgraciados? ¿y si simplemente somos y dejamos los juicios para otros? ¿Te has preguntado alguna vez para que estás aquí? ¿Y si tuvieras otra oportunidad que harías? ¿Y si pudieras hacer algo hoy que harías? ¿Y por qué no lo haces?

¿Eres feliz?

La vida es una pregunta; elige bien tus respuestas.

 

Carlos García-Almonacid Gutiérrez • Coach, formador y speaker

Hacia la inevitable revolución interior

Nos ha costado más de cien años de revoluciones, terminando este año por celebrar el final de una de las grandes revoluciones del pasado “corto siglo XX”, en expresión del historiador británico Eric Hobsbawn, para darnos cuenta de que la única, inevitable y viable revolución verdadera es la interior. Los regímenes, los sistemas y las organizaciones sociales pueden cambiar de fórmulas para intentar subsistir, pero en el fondo, no importa el color de uno u otro, nada cambia realmente si dentro de los registros de la sociedad en general no hay un cambio sustancialmente interior. La sangre, el terror y la imposición nunca fue revolucionario, aunque fuera, en siglos pasados, la única vía posible para propiciar cambios sociales. El siglo XX, casi como continuación del XIX, nos llenó la vida cultural, social, política y económica de revoluciones que pretendían cambiar la parte más epidérmica de la sociedad, olvidando el trasfondo que la conforma: el ser humano.

En este nuevo siglo XXI, llamados por algunos la “era del saber”, estamos reviviendo la llama antigua de buscar en nosotros mismos la verdadera esencia de las cosas. Algunos sociólogos apuntan a que el ser humano empieza a comprender la verdadera posibilidad de emancipación material, y por lo tanto, también espiritual. Pero esta vez desde una perspectiva no religiosa, sino desde una visión espiritual laica, como si incluso pudiéramos liberarnos de antiguos dioses que ya poco aportan a nuestro consumo de creencias. El logos se convierte necesariamente en praxis.

Esta emancipación es posible gracias a las tecnologías. La ambición material del siglo pasado se está volcando hacia la búsqueda del conocimiento o la experiencia más que al consumo de cosas. El ser humano emancipado busca una vida sencilla pero plagada de libertad individual y placer existencial, es decir, satisfacción por el encuentro con la generosidad hacia los otros y la amabilidad de hacer bien las cosas dentro de todos los ámbitos de su devenir. La búsqueda incansable de la excelencia ahora es posible sin derrochar grandes fortunas o gran parte de nuestro único recurso con valor, el tiempo. Podemos sentarnos apaciblemente en una montaña o un bosque y podemos resolver nuestras particularidades vidas con cierto grado de sencillez, y por lo tanto, de felicidad. El ser humano se reencuentra en este nuevo siglo con el reto de volver a la inocencia, candidez y espontaneidad de una vida simple. Renunciar a cosas para vivir experiencias que enriquezcan nuestra alma nunca fue más fácil y seguro.

Inclusive las nuevas empresas y los nuevos emprendedores pueden vivir una vida nueva cuya ambición no sea el tener cosas y acumular bienes, sino el experimentar una nueva forma de riqueza: la interior. Esta se desarrolla en grupos de trabajo cuya vara de medir tiene más que ver con un liderazgo interior y grupal, donde el apoyo mutuo y la cooperación forman parte del nuevo vínculo empresarial. La competencia deja paso a la colaboración y así, en este nuevo marco de valores y responsabilidades compartidas, todos ganan, todos mejoran, todos son más felices.

Por eso la nueva revolución será interior, cargada de valores humanos con deseos de ayudar y apoyar a los otros, con ganas de hacer de la vida un sentido profundo, un viaje perfecto para crecer y compartir desde cualquier ámbito de nuestra vida. Un viaje apasionante hacia dentro y hacia fuera en unión permanente y alegre con los otros. Feliz vida, feliz camino.

 

Javier León • Antropólogo y editor

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Expectativas

Es sabio repasar y analizar periódicamente lo que queremos y deseamos. La razón es que nuestras expectativas nos pueden causar muchas desilusiones.

Las antiguas enseñanzas budistas dicen que los deseos y las expectativas no satisfechas creen infidelidad en los seres humanos. Cuanta más expectativas tengamos, es probable que experimentemos más infidelidad. Y cuanto más altas sean nuestras expectativas sobre algo en concreto ,menos agradecidos nos sentiremos cuando eso suceda.

La adquisición real de algo que habíamos estado esperando con ansiedad, acostumbra a ser deprimente. Entre las realidades de la vida y nuestras expectativas hay una gran diferencia.

Esperar que la vida nos dé todo lo que queremos es exponernos a la infelicidad y al abatimiento. Dadas las restricciones bastante duras de la realidad, tenemos que tratar con lo que es posible y probable de acuerdo con el tiempo y la energía que tenemos a nuestra disposición.

La realidad tiene la costumbre de serenarnos cuando nuestras expectativas son excesivas y, a menudo, el resultado es la desilusión y la depresión. Sentirnos tristes y desposeídos por lo que no tenemos es desperdiciar todas las cosas buenas que sí tenemos.

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Esperar (de una manera no realista) ser la persona que a todos nos gustaría es desperdiciar la persona que todos somos y podemos ser. La realización está siempre ahí si es que la queremos. No es tan importante incrementar nuestras adquisiciones como reducir la magnitud de lo que queremos.

Bendito sea el que no espera nada, porque nunca se sentirá desilusionado,decía el creador de la obra Los Viajes de Gulliver.

Menos puede ser más. Recomiendo que pensemos más en la filosofía Zen que señala que cuanto menos necesitemos en comodidades materiales y físicas, más libres nos volveremos. Eliminar nuestro deseo de algo es, en muchas ocasiones, algo tan bueno como poseerlo y, al menos, da menos problemas.

Ignacio Pi • Responsable global de Mediapost Group
Publicado en el nº15 de la revista Ideas Imprescindibles

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Más ser y menos tener

En el juego llamado vida, hay cosas que son importantes y cosas que no lo son, y es esencial saber cómo distinguirlas. Si no somos capaces de hacerlo, nos ocasiona toda clase de agonías y desilusiones. Gastar energía en adquirir lo que no necesitamos impide que la generemos para todo aquello que necesitamos para conseguir más satisfacción y felicidad. Leer más

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De la maratón a la aventura

Haciendo una metáfora con el mundo del deporte y la aventura, podríamos decir que en nuestra historia reciente, la época industrial, estábamos mayoritariamente convencidos de que la vida era como una maratón; pero para avanzar hacia el futuro, deberemos convencernos de que la vida es más bien como una aventura. Leer más

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Sigamos nuestro camino

Escribía -con mucha razón- Schopenhauer que perdemos tres cuartas partes de nosotros mismos para ser como los demás. Y una de las razones por las que lo hacemos es para intentar complacer a todo el mundo. Todos nosotros tendemos a querer el respeto y la aprobación de los demás. El problema no es nuestro deseo de obtener el respeto y la aprobación de nuestros amigos y conocidos cercanos. El verdadero problema empieza cuando intentamos complacer a todo aquel que se cruza en nuestro camino.  Leer más

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La magia de los hábitos clave

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Existen algunos hábitos que son más esenciales que otros, por el simple hecho de que sirven como áncora para otros hábitos positivos. Son hábitos con un efecto dominó sobre tu día a día, ya que facilitan la creación de otros hábitos positivos.

Yo los llamo los hábitos clave, porque te abren pequeños atajos a desarrollar o asentar otros hábitos sin que tengas que empezar desde el principio. Los hábitos adyacentes al hábito clave cuestan mucho menos que el hábito original.

Características de un hábito clave:

Los hábitos clave tienen una característica en común: te permiten crear otros hábitos sin generar estrés, agobio o quitarte aún más de tu valioso tiempo. Por lo tanto son hábitos que por su diseño aumentan tu disponibilidad de tiempo (algunos hábitos de productividad), te generan más energía (hábitos de alimentación, de sueño, de salud) o te propician más tranquilidad (hábitos de minimalismo).

Además, un hábito clave se siente bien (o por lo menos el resultado te convence), tanto que te dan ganas de seguir mejorando tu rutina para poder tener aún más tiempo, más energía o más tranquilidad.

El reto está en encontrar tus propios hábitos clave, porque son tan individuales como tú. Lo que me funciona a mí, quizás no te funciona para nada. Por eso es tan importante no desistir, sino seguir experimentando. Si una estrategia no te funciona el problema no eres tú. El problema es que la estrategia no es la adecuada para ti.

Mis propios hábitos clave:

Aún así, te voy a comentar mis propias estrategias para que tengas un punto de partida para empezar. Pruébalas, quédate con lo que te sirve y descarta lo demás. Al final de cuentas tus hábitos se tienen que ajustar a ti, no a mí.

La planificación del día (la noche anterior):

Cada noche, antes de irme a dormir escribo en un papel (sí, con un boli, en un papel de verdad) las dos o tres tareas más importantes para el día siguiente. Son tareas que me acercan a mis objetivos y que no necesariamente tengan una fecha de entrega (porque lo urgente de alguna forma siempre se hace).

Resultado: soy mucho más productiva por las mañanas, porque sé exactamente lo que quiero conseguir cada día. No pierdo tiempo discutiendo conmigo misma con que voy a empezar hoy y además trabajo mucho más concentrada. Además ahora sé cuanto tiempo tardan las diferentes tareas, un conocimiento que puedo utilizar en la planificación semanal para integrar mi planificación más fielmente dentro de mi estrategia a largo plazo.

La meditación matutina:

Me levanto siempre a la misma hora, y tres minutos después estoy sentada en mi rincón de la meditación para concentrarme en mi respiración durante aproximadamente 15 minutos. Hay días que me cuesta mucho y hay días que me cuesta mogollón. No llego a estados de iluminación superior y a veces los quince minutos son los más largos de todo el día. Este hábito no vino nada fácil.

Resultado: estoy mucho más equilibrada, más paciente, me altero menos y por lo tanto consigo resolver muchos problemas con más facilidad que si los atacase llena de ira e irritación. He mejorado mi paciencia con aquellas cosas que no puedo cambiar (la velocidad de internet en la montaña, la cola en la Seguridad Social, los semáforos en rojo) y me altero menos cuando lo que sí puedo cambiar tarda más de lo esperado.

El grupo de seguimiento:

Cada lunes defino lo que tengo planificado para esta semana y lo comparto con mi propia coach. Es el mismo procedimiento que ofrezco en el grupo Mentes Inquietas, donde las participantes cada lunes se comprometen a cumplir con una serie de objetivos. No hay consecuencia “real” si no cumplen con estos objetivos, sin embargo tienen un grupo para pedir ayuda y apoyo, para buscar soluciones cuando alguien se queda atascado y para celebrar aquellas cosas que sí han funcionado.

Resultado: saber que el viernes alguien preguntará como ha ido mi semana, me disciplina bastante (los viernes son muy productivos).

¿Cuál es tu hábito clave?

Quizás quieres crear un planificación semanal de comidas para eliminar la discusión nocturna del “qué comemos hoy” y eliminar este punto de estrés de tu vida. Quizás puedes elevar tu nivel de energía por dormir una hora más. O a lo mejor tan solo te falta hacer la limpieza de tu lista de tareas con más frecuencia.

Y si necesitas ayuda en descubrir y asentar tu hábito, para eso está Mentes Inquietas.

 

Artículo escrito por Valentina Thorner • Blog ValeDeOro • www.valentinathorner.com

Publicado en el nº 9 de la revista Ideas Imprescindibles

 

El dinero sí da la felicidad

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Estamos acostumbrados a escuchar lo contrario. Woody Allen tomó posición con su habitual sorna: “El dinero no da la felicidad, pero da algo que se le parece mucho”. Fuera de bromas, lo que quiero decir es que lo que te hace más feliz de tener dinero es darlo, no atesorarlo.

La ciencia muestra el efecto benéfico que tiene donar para la gente. Los neurocientíficos han hallado que el acto de donar activa los centros de placer en forma parecida a como lo hace cuando comemos chocolate o tenemos sexo.

No obstante, creo que la gente debe donar por motivos más elevados que sentir un cierto bienestar. Por eso, quienes nos dedicamos a la captación de fondos (o fundraising, como se denomina en inglés) apelamos a razones morales. No debemos reducir el acto altruista a una simple forma de sentirnos bien, reforzando con ello un estilo de vida hedonista de mirada estrecha muy extendido en nuestra sociedad.

La solidaridad es, además de fuente de bienestar, la argamasa que cohesiona la sociedad. Ya los antiguos griegos, los primeros que empezaron a pensar sobre la vida social, acuñaron el término filantropía, literalmente “amor a la humanidad”, para explicar la inclinación a dar. Desde entonces, el pensamiento ético ha alabado la bondad de dar. Cada escuela lo justifica de una manera. Para los utilitarios, procura felicidad. Para los kantianos, es un imperativo. Para otros es una virtud.

Cualquiera que sea la teoría moral, dar es bueno. Hasta el punto de que lo contrario, no dar, puede considerarse censurable. El filósofo Peter Singer planteó esta situación: adviertes que un niño ha caído a un estanque poco profundo. Si te metes en él para rescatarle arruinarás tu elegante ropa. ¿Debes salvar al niño? La mayoría dirá que sí. El precio de limpiar tu ropa parece algo pequeño en relación al valor de una vida. ¿La respuesta seguirá siendo la misma si hay más personas alrededor que han visto lo que sucede? Sí, cualquier persona solidaria se sentirá en la obligación de actuar incluso cuando otros podrían hacerlo en su lugar. Por último, planteó qué se debe hacer cuando sabes que ese niño en peligro está lejos de ti, en otro país, cuando podrías salvarle con un pequeño coste (por ejemplo, menos de lo que te costaría llevar el traje o vestido a la lavandería). ¿Debes hacer algo? Singer dice que sí. Yo creo, como él, que podemos apoyar a ONG eficaces con aportaciones dentro de nuestras posibilidades económicas que se traducirán en beneficios vitales para otras personas o en otros bienes (proteger a animales o preservar el patrimonio artístico, por ejemplo).

Excepto quienes están agobiados por la cobertura de sus necesidades básicas, toda persona puede aportar algo de su dinero excedente. Sobre todo, puede elegir donarlo en lugar de gastarlo en algo que realmente no necesita. Lo mismo podríamos decir del tiempo. Por más que sea hoy día un bien escaso, siempre nos puede sobrar algo para dedicarlo al voluntariado. No hay más que ver el tiempo medio que un español dedica a ver la televisión cada semana (casi 16 horas) con el que destina a la participación asociativa (9 minutos).

Está claro que dar es bueno para ti tanto como lo es para quienes se benefician de tu donación. No lo dudes. El único interrogante que debes plantearte es a quién dar.

 

Artículo escrito por Agustín Pérez, director de Ágora Social – www.agorasocial.com

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Sobre las oportunidades

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Hay demasiada gente que dice que no hay suficientes oportunidades en el mundo actual. No es verdad. Es una excusa que utilizan las personas que no quieren pagar el precio correspondiente o que sólo quieren seguir con la rutina que tenemos establecida en la vida. Es mucho más fácil quedarse sentado y hablar de la falta de oportunidades que detectar algunas y hacer algo con ellas. El tiempo que muchas personas invierten en quejarse de la falta de oportunidades es el mismo que otros utilizan para aprovechar aquellas que han detectado. En los países desarrollados las oportunidades son “casi tan escasas” como el agua,la tierra ó el aire. De hecho, hay más oportunidades hoy de las que jamás hubo antes.

La oportunidad llama a nuestra puerta con mucha más frecuencia de lo que la mayoría de la gente quiere admitir, pero ellas ni siquiera las ven. Y si lo hacen, no las aprovechan. Si realmente queremos que la puerta de la oportunidad se abra ante nosotros tenemos que hacer lo que nos corresponda para abrirla. A la oportunidad la acompaña la responsabilidad, y aprovechar cualquier oportunidad exigirá tiempo y esfuerzo.

La gente que tiene éxito es capaz de detectar una oportunidad y sabe la manera de aprovecharla. La suerte, muchas veces, juega un papel importante, y estar en el lugar adecuado en el momento adecuado no es suficiente, sino que hay que estar preparado para actuar cuando tengamos la oportunidad, ya que ésta no lo hará por sí sola.

Con la mayoría de las oportunidades, tendremos que actuar con muchas rapidez y eso implica estar preparado ante ellas. Deliberar durante demasiado tiempo es una equivocación que muchos hemos cometido porque esperamos a que se presenten “circunstancias ideales” que jamás aparecen. Ciertas oportunidades llaman a la puerta más de una vez, pero otras muchas no. Si esperamos demasiado algunas de ellas dejarán de serlo porque otros las habrán aprovechado.

Hay oportunidades pequeñas y grandes, pero aprovechemos ambas ya que las primeras, en muchas ocasiones, nos conducen a las segundas. Tenemos, como escribía al principio, cientos de oportunidades interesantes y excitantes a nuestro alrededor. Helen Keller, una de las mujeres más fascinantes de todos los tiempos, decía que: “Cuando la puerta de una oportunidad se cierra, otra se abre. A menudo nos quedamos mirando durante tanto tiempo a la puerta cerrada que no vemos la que se acaba de abrir”.

Olvidemos las oportunidades que perdimos y concentrémonos en las que tenemos ante nosotros en nuestro presente y en las muchas ocasiones en las que la oportunidad llama a nuestra puerta,la pregunta que debemos formularnos es: ¿con qué frecuencia estamos preparados para escucharla?

 

Artículo escrito por Ignacio Pi, responsable global de Mediapost Group

Coaching, PNL y comunicación

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Si pensamos en la forma en que nos desenvolvemos en la vida, nos encontramos con multitud de situaciones en las que el cerebro responde de idéntica manera: desde cómo procesamos la información, la estrategia de pensamiento interna, hasta la respuesta externa que tenemos. Las diferentes experiencias que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra vida se van empaquetando en programas automáticos según la representación que nosotros nos hagamos de las mismas. Nuestras experiencias siempre son diversas, son nuestras representaciones las que las hacen iguales. Es decir “yo no tengo miedo a hablar en público, sino que tengo miedo a lo que me he representado” y esta representación hace que yo sienta temor en cada una de las experiencias en las que tenga que hablar en público. Y cada vez que tenga que expresar algo en público saltará una programación automática que puede ser de pánico, de huida o de parálisis.

Muchas veces funcionamos como autómatas inconscientes, repitiendo y repitiendo lo mismo, sin reflexionar en ningún momento sobre el impacto que nuestras actuaciones tienen sobre nosotros mismos ni sobre los demás, ni sobre su eficacia o validez para conseguir nuestros propósitos o metas. Esto ocurre porque desde nuestro nacimiento, nuestro cerebro y nuestras neuronas, según nuestra propia percepción del mundo y en base a nuestras experiencias y a la representaciones que nos hacemos de la mismas, van conformando una serie de programas que se disparan automáticamente de forma inconsciente ante diferentes situaciones. Muchas de estas programaciones son heredadas, estos programas no son ni buenos ni malos, en su momento
tuvieron sentido, existía un porqué, pero ahora puede que nos limiten, que nos desconecten de nuestro día a día y que nos impidan seguir avanzando. No hay nada malo dentro de nosotros, solo hay programaciones que algunas veces no sabemos manejar.

El Coaching & PNL (programación neurolingüística) es un viaje hacia la desidentificación de nuestros antiguos patrones de funcionamiento,
un pasaje para aprender a transformar nuestra neurología, a poner el foco hacia dentro. Nos ayuda a tomar consciencia de todos aquellos programas que hoy en día nos resultan ineficaces y a ir poco a poco reconfigurándolos, transformándolos en nuevas vías de actuación más saludables, más eficaces. Porque nosotros no somos estos programas y podemos aprender a funcionar de otra manera, abriendo así nuevas puertas a nuestra neurología. Resulta muy difícil cambiar cuando nos sentimos presos, cuando les atribuimos vida propia, creyendo que nosotros no tenemos ningún poder sobre ellos. Dice un antiguo proverbio indio: “si tus zapatos te aprietan al caminar suéltalos y si aún así te siguen apretando, siempre puedes comenzar a caminar descalzo”.

Nuestra transformación comienza por recuperar nuestro poder, por cuestionar nuestros programas de funcionamiento que nos desgastan y deshacernos de aquellos que ya no nos sirven. El primer paso para poder cuestionar nuestros programas es mirar hacia dentro. A través del neuroaprendizaje podemos darnos cuenta de que las configuraciones de nuestro cerebro son fruto de nuestras experiencias, que nuestro cerebro altera o define la percepción del
objeto y que nuestra estructura mental es la que crea nuestros límites. Y esto solo es posible cuando la persona se centra en sí misma, cuando comienza a poner su atención en su neurología. Aprender a conocernos, a saber cómo funcionamos es nuestro primer reto, ya lo decía el Oráculo de Delfos: “conócete a ti mismo”, y éste es primer escalón hacia nuestra evolución.

 

Artículo escrito por Nuria Sáez Lahoz, Socia fundadora de inCRESCENDO
Publicado en el nº 8 de la revista Ideas Imprescindibles