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Expectativas

Es sabio repasar y analizar periódicamente lo que queremos y deseamos. La razón es que nuestras expectativas nos pueden causar muchas desilusiones.

Las antiguas enseñanzas budistas dicen que los deseos y las expectativas no satisfechas creen infidelidad en los seres humanos. Cuanta más expectativas tengamos, es probable que experimentemos más infidelidad. Y cuanto más altas sean nuestras expectativas sobre algo en concreto ,menos agradecidos nos sentiremos cuando eso suceda.

La adquisición real de algo que habíamos estado esperando con ansiedad, acostumbra a ser deprimente. Entre las realidades de la vida y nuestras expectativas hay una gran diferencia.

Esperar que la vida nos dé todo lo que queremos es exponernos a la infelicidad y al abatimiento. Dadas las restricciones bastante duras de la realidad, tenemos que tratar con lo que es posible y probable de acuerdo con el tiempo y la energía que tenemos a nuestra disposición.

La realidad tiene la costumbre de serenarnos cuando nuestras expectativas son excesivas y, a menudo, el resultado es la desilusión y la depresión. Sentirnos tristes y desposeídos por lo que no tenemos es desperdiciar todas las cosas buenas que sí tenemos.

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Esperar (de una manera no realista) ser la persona que a todos nos gustaría es desperdiciar la persona que todos somos y podemos ser. La realización está siempre ahí si es que la queremos. No es tan importante incrementar nuestras adquisiciones como reducir la magnitud de lo que queremos.

Bendito sea el que no espera nada, porque nunca se sentirá desilusionado,decía el creador de la obra Los Viajes de Gulliver.

Menos puede ser más. Recomiendo que pensemos más en la filosofía Zen que señala que cuanto menos necesitemos en comodidades materiales y físicas, más libres nos volveremos. Eliminar nuestro deseo de algo es, en muchas ocasiones, algo tan bueno como poseerlo y, al menos, da menos problemas.

Ignacio Pi • Responsable global de Mediapost Group
Publicado en el nº15 de la revista Ideas Imprescindibles

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Más ser y menos tener

En el juego llamado vida, hay cosas que son importantes y cosas que no lo son, y es esencial saber cómo distinguirlas. Si no somos capaces de hacerlo, nos ocasiona toda clase de agonías y desilusiones. Gastar energía en adquirir lo que no necesitamos impide que la generemos para todo aquello que necesitamos para conseguir más satisfacción y felicidad. Leer más

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De la maratón a la aventura

Haciendo una metáfora con el mundo del deporte y la aventura, podríamos decir que en nuestra historia reciente, la época industrial, estábamos mayoritariamente convencidos de que la vida era como una maratón; pero para avanzar hacia el futuro, deberemos convencernos de que la vida es más bien como una aventura. Leer más

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Sigamos nuestro camino

Escribía -con mucha razón- Schopenhauer que perdemos tres cuartas partes de nosotros mismos para ser como los demás. Y una de las razones por las que lo hacemos es para intentar complacer a todo el mundo. Todos nosotros tendemos a querer el respeto y la aprobación de los demás. El problema no es nuestro deseo de obtener el respeto y la aprobación de nuestros amigos y conocidos cercanos. El verdadero problema empieza cuando intentamos complacer a todo aquel que se cruza en nuestro camino.  Leer más

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La magia de los hábitos clave

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Existen algunos hábitos que son más esenciales que otros, por el simple hecho de que sirven como áncora para otros hábitos positivos. Son hábitos con un efecto dominó sobre tu día a día, ya que facilitan la creación de otros hábitos positivos.

Yo los llamo los hábitos clave, porque te abren pequeños atajos a desarrollar o asentar otros hábitos sin que tengas que empezar desde el principio. Los hábitos adyacentes al hábito clave cuestan mucho menos que el hábito original.

Características de un hábito clave:

Los hábitos clave tienen una característica en común: te permiten crear otros hábitos sin generar estrés, agobio o quitarte aún más de tu valioso tiempo. Por lo tanto son hábitos que por su diseño aumentan tu disponibilidad de tiempo (algunos hábitos de productividad), te generan más energía (hábitos de alimentación, de sueño, de salud) o te propician más tranquilidad (hábitos de minimalismo).

Además, un hábito clave se siente bien (o por lo menos el resultado te convence), tanto que te dan ganas de seguir mejorando tu rutina para poder tener aún más tiempo, más energía o más tranquilidad.

El reto está en encontrar tus propios hábitos clave, porque son tan individuales como tú. Lo que me funciona a mí, quizás no te funciona para nada. Por eso es tan importante no desistir, sino seguir experimentando. Si una estrategia no te funciona el problema no eres tú. El problema es que la estrategia no es la adecuada para ti.

Mis propios hábitos clave:

Aún así, te voy a comentar mis propias estrategias para que tengas un punto de partida para empezar. Pruébalas, quédate con lo que te sirve y descarta lo demás. Al final de cuentas tus hábitos se tienen que ajustar a ti, no a mí.

La planificación del día (la noche anterior):

Cada noche, antes de irme a dormir escribo en un papel (sí, con un boli, en un papel de verdad) las dos o tres tareas más importantes para el día siguiente. Son tareas que me acercan a mis objetivos y que no necesariamente tengan una fecha de entrega (porque lo urgente de alguna forma siempre se hace).

Resultado: soy mucho más productiva por las mañanas, porque sé exactamente lo que quiero conseguir cada día. No pierdo tiempo discutiendo conmigo misma con que voy a empezar hoy y además trabajo mucho más concentrada. Además ahora sé cuanto tiempo tardan las diferentes tareas, un conocimiento que puedo utilizar en la planificación semanal para integrar mi planificación más fielmente dentro de mi estrategia a largo plazo.

La meditación matutina:

Me levanto siempre a la misma hora, y tres minutos después estoy sentada en mi rincón de la meditación para concentrarme en mi respiración durante aproximadamente 15 minutos. Hay días que me cuesta mucho y hay días que me cuesta mogollón. No llego a estados de iluminación superior y a veces los quince minutos son los más largos de todo el día. Este hábito no vino nada fácil.

Resultado: estoy mucho más equilibrada, más paciente, me altero menos y por lo tanto consigo resolver muchos problemas con más facilidad que si los atacase llena de ira e irritación. He mejorado mi paciencia con aquellas cosas que no puedo cambiar (la velocidad de internet en la montaña, la cola en la Seguridad Social, los semáforos en rojo) y me altero menos cuando lo que sí puedo cambiar tarda más de lo esperado.

El grupo de seguimiento:

Cada lunes defino lo que tengo planificado para esta semana y lo comparto con mi propia coach. Es el mismo procedimiento que ofrezco en el grupo Mentes Inquietas, donde las participantes cada lunes se comprometen a cumplir con una serie de objetivos. No hay consecuencia “real” si no cumplen con estos objetivos, sin embargo tienen un grupo para pedir ayuda y apoyo, para buscar soluciones cuando alguien se queda atascado y para celebrar aquellas cosas que sí han funcionado.

Resultado: saber que el viernes alguien preguntará como ha ido mi semana, me disciplina bastante (los viernes son muy productivos).

¿Cuál es tu hábito clave?

Quizás quieres crear un planificación semanal de comidas para eliminar la discusión nocturna del “qué comemos hoy” y eliminar este punto de estrés de tu vida. Quizás puedes elevar tu nivel de energía por dormir una hora más. O a lo mejor tan solo te falta hacer la limpieza de tu lista de tareas con más frecuencia.

Y si necesitas ayuda en descubrir y asentar tu hábito, para eso está Mentes Inquietas.

 

Artículo escrito por Valentina Thorner • Blog ValeDeOro • www.valentinathorner.com

Publicado en el nº 9 de la revista Ideas Imprescindibles

 

El dinero sí da la felicidad

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Estamos acostumbrados a escuchar lo contrario. Woody Allen tomó posición con su habitual sorna: “El dinero no da la felicidad, pero da algo que se le parece mucho”. Fuera de bromas, lo que quiero decir es que lo que te hace más feliz de tener dinero es darlo, no atesorarlo.

La ciencia muestra el efecto benéfico que tiene donar para la gente. Los neurocientíficos han hallado que el acto de donar activa los centros de placer en forma parecida a como lo hace cuando comemos chocolate o tenemos sexo.

No obstante, creo que la gente debe donar por motivos más elevados que sentir un cierto bienestar. Por eso, quienes nos dedicamos a la captación de fondos (o fundraising, como se denomina en inglés) apelamos a razones morales. No debemos reducir el acto altruista a una simple forma de sentirnos bien, reforzando con ello un estilo de vida hedonista de mirada estrecha muy extendido en nuestra sociedad.

La solidaridad es, además de fuente de bienestar, la argamasa que cohesiona la sociedad. Ya los antiguos griegos, los primeros que empezaron a pensar sobre la vida social, acuñaron el término filantropía, literalmente “amor a la humanidad”, para explicar la inclinación a dar. Desde entonces, el pensamiento ético ha alabado la bondad de dar. Cada escuela lo justifica de una manera. Para los utilitarios, procura felicidad. Para los kantianos, es un imperativo. Para otros es una virtud.

Cualquiera que sea la teoría moral, dar es bueno. Hasta el punto de que lo contrario, no dar, puede considerarse censurable. El filósofo Peter Singer planteó esta situación: adviertes que un niño ha caído a un estanque poco profundo. Si te metes en él para rescatarle arruinarás tu elegante ropa. ¿Debes salvar al niño? La mayoría dirá que sí. El precio de limpiar tu ropa parece algo pequeño en relación al valor de una vida. ¿La respuesta seguirá siendo la misma si hay más personas alrededor que han visto lo que sucede? Sí, cualquier persona solidaria se sentirá en la obligación de actuar incluso cuando otros podrían hacerlo en su lugar. Por último, planteó qué se debe hacer cuando sabes que ese niño en peligro está lejos de ti, en otro país, cuando podrías salvarle con un pequeño coste (por ejemplo, menos de lo que te costaría llevar el traje o vestido a la lavandería). ¿Debes hacer algo? Singer dice que sí. Yo creo, como él, que podemos apoyar a ONG eficaces con aportaciones dentro de nuestras posibilidades económicas que se traducirán en beneficios vitales para otras personas o en otros bienes (proteger a animales o preservar el patrimonio artístico, por ejemplo).

Excepto quienes están agobiados por la cobertura de sus necesidades básicas, toda persona puede aportar algo de su dinero excedente. Sobre todo, puede elegir donarlo en lugar de gastarlo en algo que realmente no necesita. Lo mismo podríamos decir del tiempo. Por más que sea hoy día un bien escaso, siempre nos puede sobrar algo para dedicarlo al voluntariado. No hay más que ver el tiempo medio que un español dedica a ver la televisión cada semana (casi 16 horas) con el que destina a la participación asociativa (9 minutos).

Está claro que dar es bueno para ti tanto como lo es para quienes se benefician de tu donación. No lo dudes. El único interrogante que debes plantearte es a quién dar.

 

Artículo escrito por Agustín Pérez, director de Ágora Social – www.agorasocial.com

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Sobre las oportunidades

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Hay demasiada gente que dice que no hay suficientes oportunidades en el mundo actual. No es verdad. Es una excusa que utilizan las personas que no quieren pagar el precio correspondiente o que sólo quieren seguir con la rutina que tenemos establecida en la vida. Es mucho más fácil quedarse sentado y hablar de la falta de oportunidades que detectar algunas y hacer algo con ellas. El tiempo que muchas personas invierten en quejarse de la falta de oportunidades es el mismo que otros utilizan para aprovechar aquellas que han detectado. En los países desarrollados las oportunidades son “casi tan escasas” como el agua,la tierra ó el aire. De hecho, hay más oportunidades hoy de las que jamás hubo antes.

La oportunidad llama a nuestra puerta con mucha más frecuencia de lo que la mayoría de la gente quiere admitir, pero ellas ni siquiera las ven. Y si lo hacen, no las aprovechan. Si realmente queremos que la puerta de la oportunidad se abra ante nosotros tenemos que hacer lo que nos corresponda para abrirla. A la oportunidad la acompaña la responsabilidad, y aprovechar cualquier oportunidad exigirá tiempo y esfuerzo.

La gente que tiene éxito es capaz de detectar una oportunidad y sabe la manera de aprovecharla. La suerte, muchas veces, juega un papel importante, y estar en el lugar adecuado en el momento adecuado no es suficiente, sino que hay que estar preparado para actuar cuando tengamos la oportunidad, ya que ésta no lo hará por sí sola.

Con la mayoría de las oportunidades, tendremos que actuar con muchas rapidez y eso implica estar preparado ante ellas. Deliberar durante demasiado tiempo es una equivocación que muchos hemos cometido porque esperamos a que se presenten “circunstancias ideales” que jamás aparecen. Ciertas oportunidades llaman a la puerta más de una vez, pero otras muchas no. Si esperamos demasiado algunas de ellas dejarán de serlo porque otros las habrán aprovechado.

Hay oportunidades pequeñas y grandes, pero aprovechemos ambas ya que las primeras, en muchas ocasiones, nos conducen a las segundas. Tenemos, como escribía al principio, cientos de oportunidades interesantes y excitantes a nuestro alrededor. Helen Keller, una de las mujeres más fascinantes de todos los tiempos, decía que: “Cuando la puerta de una oportunidad se cierra, otra se abre. A menudo nos quedamos mirando durante tanto tiempo a la puerta cerrada que no vemos la que se acaba de abrir”.

Olvidemos las oportunidades que perdimos y concentrémonos en las que tenemos ante nosotros en nuestro presente y en las muchas ocasiones en las que la oportunidad llama a nuestra puerta,la pregunta que debemos formularnos es: ¿con qué frecuencia estamos preparados para escucharla?

 

Artículo escrito por Ignacio Pi, responsable global de Mediapost Group

Coaching, PNL y comunicación

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Si pensamos en la forma en que nos desenvolvemos en la vida, nos encontramos con multitud de situaciones en las que el cerebro responde de idéntica manera: desde cómo procesamos la información, la estrategia de pensamiento interna, hasta la respuesta externa que tenemos. Las diferentes experiencias que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra vida se van empaquetando en programas automáticos según la representación que nosotros nos hagamos de las mismas. Nuestras experiencias siempre son diversas, son nuestras representaciones las que las hacen iguales. Es decir “yo no tengo miedo a hablar en público, sino que tengo miedo a lo que me he representado” y esta representación hace que yo sienta temor en cada una de las experiencias en las que tenga que hablar en público. Y cada vez que tenga que expresar algo en público saltará una programación automática que puede ser de pánico, de huida o de parálisis.

Muchas veces funcionamos como autómatas inconscientes, repitiendo y repitiendo lo mismo, sin reflexionar en ningún momento sobre el impacto que nuestras actuaciones tienen sobre nosotros mismos ni sobre los demás, ni sobre su eficacia o validez para conseguir nuestros propósitos o metas. Esto ocurre porque desde nuestro nacimiento, nuestro cerebro y nuestras neuronas, según nuestra propia percepción del mundo y en base a nuestras experiencias y a la representaciones que nos hacemos de la mismas, van conformando una serie de programas que se disparan automáticamente de forma inconsciente ante diferentes situaciones. Muchas de estas programaciones son heredadas, estos programas no son ni buenos ni malos, en su momento
tuvieron sentido, existía un porqué, pero ahora puede que nos limiten, que nos desconecten de nuestro día a día y que nos impidan seguir avanzando. No hay nada malo dentro de nosotros, solo hay programaciones que algunas veces no sabemos manejar.

El Coaching & PNL (programación neurolingüística) es un viaje hacia la desidentificación de nuestros antiguos patrones de funcionamiento,
un pasaje para aprender a transformar nuestra neurología, a poner el foco hacia dentro. Nos ayuda a tomar consciencia de todos aquellos programas que hoy en día nos resultan ineficaces y a ir poco a poco reconfigurándolos, transformándolos en nuevas vías de actuación más saludables, más eficaces. Porque nosotros no somos estos programas y podemos aprender a funcionar de otra manera, abriendo así nuevas puertas a nuestra neurología. Resulta muy difícil cambiar cuando nos sentimos presos, cuando les atribuimos vida propia, creyendo que nosotros no tenemos ningún poder sobre ellos. Dice un antiguo proverbio indio: “si tus zapatos te aprietan al caminar suéltalos y si aún así te siguen apretando, siempre puedes comenzar a caminar descalzo”.

Nuestra transformación comienza por recuperar nuestro poder, por cuestionar nuestros programas de funcionamiento que nos desgastan y deshacernos de aquellos que ya no nos sirven. El primer paso para poder cuestionar nuestros programas es mirar hacia dentro. A través del neuroaprendizaje podemos darnos cuenta de que las configuraciones de nuestro cerebro son fruto de nuestras experiencias, que nuestro cerebro altera o define la percepción del
objeto y que nuestra estructura mental es la que crea nuestros límites. Y esto solo es posible cuando la persona se centra en sí misma, cuando comienza a poner su atención en su neurología. Aprender a conocernos, a saber cómo funcionamos es nuestro primer reto, ya lo decía el Oráculo de Delfos: “conócete a ti mismo”, y éste es primer escalón hacia nuestra evolución.

 

Artículo escrito por Nuria Sáez Lahoz, Socia fundadora de inCRESCENDO
Publicado en el nº 8 de la revista Ideas Imprescindibles

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Un paso más en la evolución

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En los tiempos que corren la tecnología inunda nuestras vidas, la ley de Moore, que expresa que aproximadamente cada dos años se duplica el número de transistores en un circuito integrado, continúa cumpliéndose más o menos rigurosamente y aumenta la capacidad de procesamiento disponible, cada día nuestra vida se complementa con nuevos hábitos tecnológicos que prometen hacernos la vida más confortable (otro debate, quizás mucho más extenso es si lo consiguen o no). Gran parte de estos avances han sido ideados por los grandes pensadores de nuestra época, genios en muchos casos, que en algunos casos ya comienzan a peinar canas, dejando atrás la sensación de inmortalidad con que la juventud nos embarga. En esta encrucijada vital y con millones de dólares disponibles para invertir, se han puesto manos a la obra para abordar el siguiente paso evolutivo; pero esta vez no se espera que una mutación aleatoria que nos haga más eficaces desde un punto de vista biológico, y por lo tanto, más capaces para adaptarnos mejor a nuestro entorno, al más puro estilo Darwiniano, en este momento pretendemos dirigir concisamente este paso evolutivo a través de la biotecnología, la nanotecnología, la genética y todas las ciencias relacionadas. Empresas como Apple, Google y Facebook, gigantes tecnológicos de nuestro tiempo, abren divisiones especializadas e incorporan a las mentes más brillantes en sus respectivos campos. Las afirmaciones son asombrosas: “La raza humana llegará en pocas décadas a ser capaz de vivir cerca de 500 años”, después de recopilar datos sobre nuestro comportamiento durante tantos años, realmente no desean que desaparezcamos de la faz de la tierra.

¿Estará esta tecnología disponible para todos los seres humanos o solo disponible para unos pocos elegidos con la capacidad económica de acceder a ella? Sin duda, en un primer momento, solo unos pocos elegidos podrán evolucionar de este modo, pero como muchos avances poco a poco se convertirá en una herramienta accesible para todos. La promesa de mejora en nuestra calidad de vida es inimaginable, seremos capaces de predecir enfermedades y ponerles remedio en breves periodos de tiempo atacando la raíz del problema liberando sustancias en zonas específicas, podremos desarrollar nuestro potencial intelectual apoyándonos en complementos integrados en nuestro cuerpo y retrasaremos el envejecimiento celular para hacer nuestras vidas más duraderas. ¿Pero todo ello a qué precio?

No está lejano el día en que la capacidad de la inteligencia artificial supere la capacidad de la mente humana, en cuanto ese momento se convierta en realidad tendremos en nuestro horizonte uno de los mayores retos que afrontaremos como especie; conseguir utilizar las bondades de los nuevos avances sin destruirnos a nosotros mismos. Reto que hemos afrontado con escaso éxito en los tiempos precedentes, como por ejemplo el correcto uso de la energía nuclear. Conseguir una nueva era donde los seres humanos vivamos más y en mejores condiciones es sin duda una promesa apetecible para todos, pero debemos conseguir que la realidad no supere a la ficción y hemos creado mucha ficción sobre este tema.

 

Artículo escrito por Marcos Rojo Rodríguez, Responsable del Dpto. Innovación y Tecnología de Mediapost de Mediapostgroup
Publicado en el nº 8 de la revista Ideas Imprescindibles

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Sólo debemos luchar constantemente en defensa de la vida

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Cuando se tienen nueve años, el mundo es una mezcla de realidad y fantasía que permite tratar los grandes temas de la vida con la ingenuidad propia de la infancia. En los años sesenta Miguel y Paquito ocupaban sus ratos de ocio jugando a la guerra. Ávidos lectores de aquel cómic que se hizo famoso en la década anterior, el “Hazañas Bélicas”, repetían en sus juegos las historias que narraban de forma heroica los actos acontecidos en la Segunda Guerra Mundial y en el que casi siempre los aliados eran los buenos, qué cosa, ¿verdad? Se hacían llamar capitán Mike y teniente Frank y, además del pantalón corto, los calcetines hasta la rodilla y sus Chirucas, iban armados con palos de escoba a modo de fusiles y las pistolas de pinzas (que cogían del lavadero de sus casas y tras la pertinente transformación las utilizaban para lanzar proyectiles de madera). Aquella tarde del verano del 67 el capitán Mike y el teniente Frank se disponían a conquistar un territorio hostil situado en la parte trasera del edificio de viviendas de protección oficial en el que vivían.

El enemigo estaba situado estratégicamente en los balcones de las casas y no era otro que las vecinas que salían a tender o a recoger la ropa. Así, la señora Águeda, la señora Aurora o la señora Rosa se convertían en peligrosas francotiradoras que había que evitar. “Cuidado Frank a tu izquierda”, gritaba Mike mientras imitaba el sonido de las balas y se tiraba al suelo disparando virtualmente su fusil para salvar la vida de su compañero. Por su parte, Frank corría desesperado hacia el promontorio en el que tenía que colgar la bandera, señal de que habían completado la misión. Fue todo muy rápido, de repente, en el balcón del tercero apareció Ana Mari, aquel ángel rubio que era el amor secreto de Frank. Fue una décima de segundo lo que lo embelesó, lo suficiente para no ver aquel pedrusco en el camino que dio con sus huesos en el suelo. No supo por qué, pero bien por seguir con el juego o por no hacer el ridículo delante de su amada gritó. “Mike me han dado” y en una interpretación digna de un Goya escenificó una muerte heroica.

A todo esto, la señora Águeda, que había observado la escena y viendo que el niño Paquito no se movía, gritó por el balcón, “Reyes” –era la mama del teniente Frank– “que tu hijo se ha caído y no se mueve, ve pronto”. El teniente Frank, que miraba por el rabillo del ojo la cara de angustia de Ana Mari, mientras escuchaba las salvas que le dedicaba su compañero, tal y como mandaban las “Hazañas Bélicas”, volvió a la vida gracias a un milagro en forma de azote que recibió en el trasero por parte de su progenitora mientras le decía, “pero mira cómo te has puesto y el susto que me has dado. Deja ya de jugar a la guerra, no sabes lo que es eso”…Lo peor, las carcajadas de Ana Mari en el balcón.

Casi cincuenta años después, un trocito de alma en forma de lágrima resbaló por la mejilla del teniente Frank. Su mujer le acababa de preguntar, “Oye, ¿Sabes quién se ha muerto? Aquel amigo tuyo de la infancia. Sí, aquel que te encontraste hace poco y que pusieron la tienda de ropa con su mujer, aquí cerca de casa”. El capitán Mike había perdido la batalla de su vida, le falló el corazón. Paquito, hoy Paco, miró al cielo, el mismo cielo de hacia cincuenta años, el cielo que ampara la guerra y la paz, la vida y la muerte, los sueños y los recuerdos. En vez de salvas imaginarias disparadas con un fusil de madera, envió a ese cielo el típico saludo militar llevándose la mano a la sien, diciendo “A sus órdenes mi capitán” mientras pensaba…Hoy se pelean por banderas, banderas inútiles que enfrentan a personas y no se dan cuenta que el peor enemigo lo tienen dentro en forma de penosa enfermedad. “Ojalá llegue el día en el que los hombres y mujeres apuesten sólo por la vida y que sean capaces de dejar de lado intereses e intolerancias para luchar juntos con el máximo coraje y quizás poder derrotar al enemigo común…todas aquellas enfermedades que sesgan vidas y sueños”.

 

Artículo escrito por Paco Sosa, Comunicación y Markerting de Mediapostgroup
Publicado en el nº 8 de la revista Ideas Imprescindibles