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¿Por qué todo el mundo debería viajar solo alguna vez?

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Cada vez son más las personas que se lanzan a la aventura de viajar por el mundo con la única compañía de su mochila. Y sorprendentemente las mujeres son mayoría. ¿Qué es lo que impulsa a una persona a viajar sola? ¿El deseo de aventura? ¿Un nuevo rumbo en la vida? ¿Hacer amigos? ¿La búsqueda de paz interior? Los convencionalismos y el qué dirán nos suelen alejar de una experiencia tan apasionante como enriquecedora. Aquí tienes 9 conclusiones que comparten las personas que viajan solas.

1. Puedes planificar el viaje a tu gusto

Viajar solo te permite preparar tu viaje a conciencia, estudiando cada detalle. Como no tienes que compartir gustos ni preferencias puedes preparar un calendario a tu medida, visitando todos los lugares que te apetecen y realizando las actividades que más te gustan. Las semanas previas al viaje, la búsqueda de información se convierte en una tarea apasionante y al no compartir esa responsabilidad debes documentarte a fondo, por lo que vas muy preparado para tu viaje.

2. Eres dueño de tu tiempo

Cada minuto es tuyo y puedes hacer con él lo que quieres. Puedes improvisar, cambiar de plan, acelerar el ritmo, detenerte a descansar. La sensación de libertad es incomparable y aprendes a valorar mucho más el tiempo. Por ejemplo, si te gusta la fotografía puedes dedicar todo el tiempo que quieras a tu pasión sin prisas, sin mirar de reojo a los demás por si te están esperando o por si el grupo se ha alejado demasiado. Si te gusta madrugar puedes despertarte a la hora que quieras. Y si no te gusta ir de compras, puedes ahorrarte ese ritual.

3. Haces nuevos amigos

En contra de lo que pueda parecer, viajar solo es una excelente oportunidad para conocer gente. La necesidad de comunicarte te impulsa a ser más sociable y de paso a practicar tu inglés, sea cual sea tu nivel. La gente suele acercarse a ti sin reparos porque te perciben como más vulnerable. Hay mucha gente que viaja sola y suelen ser personas interesantes, la mayoría son educadas y cultas. Aprovecha los desayunos en los hoteles para entablar una conversación, las esperas en los aeropuertos o estaciones, apúntate a excursiones en grupo, y juega con los niños que te encuentres.

4. Tus experiencias son más profundas

Viajar solo te obliga a estar más presente. Tu nivel de atención se multiplica y tus sentidos se agudizan. La paz interior que experimentas te hace vivir cada momento de una forma muy especial. El silencio te acerca a lo más profundo de tu existencia y te conecta con el mundo de lo sutil. La soledad te ayuda a medir el auténtico valor de tus relaciones y cuando regresas aprecias más la compañía de tus seres queridos. Los descansos son ideales para meditar, reflexionar, leer y escribir. Viajar solo te conecta con la parte más íntima de tu ser.

5. Aumenta la confianza en ti mismo

Muchas personas dicen que ven a las personas que viajan solas como gente fracasada o que está atravesando un mal momento, pero en realidad la mayoría de las personas que dicen eso, en el fondo envidian a esos viajeros por su coraje y su libertad. Viajando solo aprendes a ser autosuficiente, te adaptas mejor a los cambios y crece tu fortaleza interior. Algunas situaciones te pondrán a prueba y las gestionarás mucho mejor de lo que te esperas. Viajar solo te obliga a salir de tu zona de confort y a enfrentarte a tus miedos e inseguridades.

6. Te conviertes en un viajero más experto

Al no contar con nadie sobre el que descargar ninguna responsabilidad o al no formar parte de un grupo que ha planificado todas las actividades, debes encontrar siempre soluciones a todos los retos que surgen: reservas, desplazamientos, hoteles, lugares que visitar, imprevistos, higiene, seguridad, etc. Aprendes trucos para desenvolverte mejor y los pones en práctica en los siguientes viajes. Con el tiempo, tu equipaje se convierte en un modelo de sencillez y eficiencia. Y verás que en cada nuevo viaje te van sobrando más cosas.

7. Controlas mejor tu presupuesto

Es cierto que viajando solo, el precio de la habitación se encarece, pero esa diferencia se compensa fácilmente. Por ejemplo, comes donde y cuando quieres, puedes incluso llevar un bocadillo en la mochila y parar a comer cuando te apetezca. Puedes alojarte en sitios muy económicos porque muchas veces sólo te detienes unas horas a dormir. No tienes compromisos que atender ni tienes que destinar dinero a actividades que no te interesan.

8. Al final del viaje te sientes más satisfecho

Aunque suene extraño, la sensación de plenitud es inmensa cuando viajas solo. Y cuando el viaje concluye, la satisfacción recorre todo tu cuerpo. En tu mente queda el recuerdo de muchos momentos inolvidables y cada experiencia supone un aprendizaje que contribuye a tu crecimiento personal.

9. Es un momento ideal para encontrar respuestas

Si necesitas deshacer un nudo gordiano en tu vida, no hay nada como pasar unos días a solas lejos de tu hogar. Las respuestas a tus dudas aparecerán en el momento justo y experimentarás una paz que te iluminará. El ruido de la vida cotidiana no nos permite ver con claridad todas las posibilidades que tenemos ante nosotros. Viajar solo te ayuda a ser quien realmente quieres ser.

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Taller de Conciencia, el nuevo proyecto de Joan Antoni Melé

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Joan Antoni Melé es sinónimo de banca ética. Después de más de 30 años trabajando en una caja de ahorros, se unió al proyecto de Triodos Bank en 2006, donde ha sido subdirector general hasta finales de 2014. En la actualidad, Joan Antoni Melé continúa manteniendo una estrecha colaboración con el banco en temas de formación interna y representación en charlas y otros foros.

Recientemente, el incombustible Joan Antoni Melé ha constituido la empresa Taller de Conciencia con el objetivo de acompañar a las personas que quieran iniciar un camino de autoconocimiento y transformación personal, para luego llevarlo a sus actividades profesionales.

Estos talleres se vienen realizando desde el año 1989, pero con la fundación de esta empresa Melé pretende orientar estos talleres de manera más específica a empresarios, directivos, responsables de la administración pública o profesionales de cualquier sector, que quieran descubrir cómo el trabajo y la empresa son una gran oportunidad para conocerse mejor, dar sentido a la propia vida y a la vez ayudar a construir un mundo mejor.

La web www.tallerdeconciencia.com ya está en funcionamiento, aunque todavía no está completa, y en ella aparecen ya algunos de los programas de los próximos talleres.

Le deseamos mucha suerte a Joan Antoni Melé en esta nueva y apasionante andadura.

El valor del tiempo

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En la cultura moderna occidental – adicta al materialismo, al exceso de trabajo y a la velocidad – el grito de guerra es “¡El tiempo es oro!”.

Esta creencia popular es básicamente una fantasía, ya que el tiempo tiene mucho más valor que el oro. El tiempo es vida, y también felicidad, y ello hace que sea nuestro bien más valioso y debamos emplearlo con sabiduría.

Demasiadas personas malgastan sus vidas como si tuvieran otra vida de la que disponer en el futuro, cuando se nos acabe ésta. El hecho es que el reloj está siempre funcionando y que el tiempo no se detiene para nadie. Al tiempo no le importa si lo desperdiciamos o lo empleamos sabiamente; se limita a transcurrir. A cada uno de nosotros nos toca asegurarnos de que no desperdiciemos nuestra vida.

Son demasiadas las cosas triviales en las que nos involucramos y que no aportan absolutamente nada a nuestras vidas. Como decía el poeta y filósofo Henry Thoreau: “Estar ocupado no es suficiente….la cuestión es en qué estamos ocupados”.

Si nos acostumbramos a invertir nuestro tiempo en entretenimientos estúpidos, tenemos que darnos cuenta que mientras matamos el tiempo, es el tiempo el que lo hace con nosotros. Para que podamos llevar una vida más plena, es importante que identifiquemos las áreas frívolas, para que invirtamos menos tiempo en ellas y lo dediquemos a actividades más desafiantes e interesantes.

Tendríamos que conseguir que el tiempo trabajase para nosotros y no en nuestra contra. Ha de haber un equilibrio armónico. No debemos seguir corriendo constantemente intentando hacerlo todo, ya que si nos falta constantemente el tiempo, la responsabilidad es únicamente nuestra, porque todo en la vida es una cuestión de elección.
Vivamos nuestras vidas de acuerdo con el lema “el tiempo es felicidad” para poder llevar una vida equilibrada y satisfactoria.

Elijamos bien la manera en la que empleamos nuestro tiempo y asegurémonos de que es tiempo de calidad. Invirtamos la mayor parte del tiempo de cada día en las cosas que sean las más importantes de nuestra vida. Y cuando nos veamos perdiendo el tiempo, recordemos la deliciosa frase del botánico estadounidense del siglo XIX, Horace Mann: “Dos horas de oro perdidas ayer, en algún lugar entre el amanecer y el ocaso, y cada una de ellas con sesenta minutos de diamante…..no se ofrece recompensa alguna porque se han ido para siempre”.

 

por Ignacio Pi  •  Responsable Global de MediapostGroup

Emprendimiento y marca personal: ¿Vocación o necesidad?

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El mundo empresarial actual está evolucionando en todos los sentidos: tecnológico (TIC), internacionalización (globalización), financiación (crowdfunding)…y también lo está haciendo en lo relativo a la contratación de recursos humanos.

Parece que estamos empezando a salir de una larga crisis que ha arruinado los sueños laborales y profesionales de millones de personas en todo el mundo y, de manera muy significativa, en España. Pero de las crisis dicen que surgen las oportunidades, siempre y cuando se haya vivido el proceso de reflexión y aprendizaje que nos permita extraer las oportunas conclusiones sobre lo que originó la crisis y los esquemas de comportamiento que nunca deberíamos volver a repetir.

Las empresas también han tomado buena nota de esta crisis y, en su estrategia actual, cada vez se contempla más una flexibilidad que  les permita afrontar situaciones de bonanza y de temporalidad. Para ello requieren aligerar al máximo su estructura fija convirtiéndola en una estructura adaptable a las circunstancias. Esto quiere decir que la contratación de profesionales la van a supeditar a los proyectos que puedan tener y, por consiguiente, a lo que éstos duren.

En este nuevo escenario, en el que los contratos laborales fijos, y casi de por vida, son cada vez más un bello recuerdo, los profesionales tenemos que ser conscientes de que tenemos que convertirnos en “proveedores” de servicios compitiendo con el resto de profesionales. En esta situación es donde ya no cabe hablar de trabajador por cuenta ajena, sino de profesionales independientes, autónomos, empresarios o emprendedores.

Con esta perspectiva se entenderá que el fenómeno o espíritu emprendedor es algo que nos compete a todos, puesto que todos debemos ser empresarios de nosotros mismos y  cuidar de nuestra marca personal o “personal branding”. Ahora, todos estamos llamados a constituir, al menos, una empresa a lo largo de nuestra vida profesional: la empresa de nuestro propio conocimiento y valores profesionales. Y de nosotros depende que construyamos una marca ética y sostenible o que, como sucedió antes de la crisis, nos olvidemos de los valores y volvamos a las “andadas”. Es decir, estamos ante un reto de marketing, de buen marketing, sujeto al Código Ético del Marketing desarrollado por la Asociación de Marketing de España.

Así pues, todo lo que se publica continuamente sobre emprendimiento nos afecta a todos, porque todos constituiremos nuestra propia empresa. Incluso en el caso, cada vez más residual, de optar a un puesto fijo, estamos compitiendo con otros candidatos y eso nos obligará a utilizar estrategias que nos hagan destacar por encima de la competencia, como hacen todas las empresas en sus respectivos mercados. Este fenómeno, quizá, nunca lo hemos analizado desde esta perspectiva, pero ¿no sería la óptica desde la que debemos empezar a considerarlo?

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Nuestro inconsciente dirige nuestra vida

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¿Qué te evoca esta palabra, lector? Fascinación, respeto, temor, admiración, algo grande, inconmensurable…A mí tampoco me resulta fácil explicar algo que no tiene una forma reconocible, ni un lugar exacto de ubicación. Sólo puedo afirmar que conozco su fuerza y los efectos de esa fuerza. Creo conocer su manera de empujarme hacia adelante y crear situaciones y circunstancias que necesito para la evolución de la consciencia.

Es verdad que a veces me empuja hacia sentimientos o impulsos claramente destructivos, inconvenientes, rechazados por mi mente y mi ética. Pero investigando en el pasado y reconociendo las imágenes y recuerdos que se quedaron grabadas en mi mente, pude ver que respondían a experiencias que habían sido dolorosas o que habían tenido consecuencias negativas. Aquella vez en que me había atrevido a manifestarme y acabé ninguneada, incomprendida, castigada o rechazada, hizo con que algo de dentro me obligara a callarme cuando yo quería hablar. Una mala experiencia amorosa que me había dolido en el fondo del alma, ahora me hacia evitar a alguien que me atraía, con quien deseaba estar.

Una iniciativa del pasado que había resultado en fracaso, hacia que ahora mis pasos quedaran frenados cuando quería iniciar algo nuevo e ilusionante. Una injusticia tragada en el pasado hacia con que ahora brotara de mi ser un resentimiento, una rabia o una necesidad de venganza irrefrenable. Y todas las veces en que había tragado sapos y culebras, hacia con que ahora perdiera el control en el momento menos adecuado, incapaz de actuar con firmeza y cordura. Iras no deseadas que era incapaz de frenar, alimentadas por impulsos oscuros. Pulsiones que brotaban de la profundidad, a veces con consecuencias nefastas para mi vida y mi relación con las personas a las que quiero y amo. Al final, remordimiento, reproches, dolor, separación…

Analizando más profundamente estos comportamientos, llegué a la conclusión de que en su esencia, ¡eran impulsos que tenían la intención de protegerme de dolores experimentados en el pasado! Actitudes que cortaban mi energía vital y mis añoranzas, pero que me protegían de correr el peligro de volver a vivir un dolor agudo insoportable, experimentado en una vivencia anterior. ¡La intención verdadera de esta fuerza que brotaba de mis entrañas más profundas y me coartaba, era protegerme! Protegerme de un sufrimiento o un dolor que habían roto mi corazón en el pasado… Un aprendizaje hecho de experiencias antiguas, que no quería repetir aquel sufrimiento. ¡Era una fuerza amiga!

Al darme cuenta de esto, empecé a recordar todas las veces en que el impulso había sido constructivo, coherente y sano. Eran muchas veces. Muchas veces me había salvado de situaciones hasta peligrosas, por una intuición que venía no sé de donde, por un pensamiento no racional que había evitado una situación dolorosa y verdaderamente problemática. Decididamente, esta fuerza de origen desconocido, poderosa e indomable, no paraba de mostrarse y ¡estaba a mi favor!

Intuía que era la fuerza misma de la vida, que se manifestaba así. También me di cuenta que cuando me frenaba (para protegerme), era porque tenía datos obsoletos, que ahora ya no tenían validez, pero que fueron muy importantes en su día. Como brotaba tan de dentro y con tanta fuerza, nunca había parado a analizar su origen y su función. Parecían venir de un lugar desconocido, pero ante un análisis más profundo, me di cuenta de que estaban íntimamente ligados a mis experiencias de vida.

Lo entendí como la fuerza de la vida actuando a través de mí, poseyéndome. Era una fuerza beneficiosa, que me protegía y guiaba a su manera. Me di cuenta también de que podía actualizar estos datos con lo que sabía ahora, de tal manera que los impulsos que brotaran de dentro pasaran a ser siempre beneficiosos. Y si no lo eran, es porque algo todavía necesitaba ser ordenado. Era la tarea que me tocaba, personal e intransferible. La puesta a punto iba permitir que lo nuevo (por lo visto peligroso emocionalmente, con la información que tenía mi mente hasta ahora) pudiera ser vivido sin resistencia. En otras palabras, con un trabajo de limpieza emocional sistemática y consciente, esta enorme fuerza interna iba a ayudarme a vivir sin miedo aquello que anhelaba y necesitaba.

Esta idea me hizo ver la vida de otra manera. La fuerza vital había pasado de enemiga o al menos, de una amiga que te puede traicionar, a una amiga de verdad. Pasé a sentirme acompañada y protegida por la vida. Algo importante cambió; podía disfrutar de lo bello y placentero, y podía usar lo desagradable o doloroso como un aprendizaje útil y necesario.

Freud hablaba del inconsciente personal, Jung del inconsciente colectivo. Me viene la metáfora de internet, ubicada como el inconsciente colectivo en un lugar intangible pero accesible desde tu ordenador, tu inconsciente personal, que al tiempo tiene también su propia programación. Y todo ello diseñado para tu evolución como ser humano, como mente y como alma.

 

Por Marly Kuenerz  • Psicóloga Clínica • Colaboradora de Hermesan  | www.hermesan.es

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10 claves para entender qué es un emprendedor social

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Hace aproximadamente 45 años nacían dos ideas revolucionarias: una, en la costa oeste de Estados Unidos de la mano de Steve Jobs; la otra en Bangladesh, impulsada por Muhammad Yunus.

Jobs transformó la industria informática en todo el planeta y a día de hoy más de 500 millones de personas tienen en sus manos un iPhone. Yunus, con el desarrollo del microcrédito, ha beneficiado a siete millones de personas que, sin acceso a ese crédito, probablemente nunca habrían salido de su pobreza.

Ambas ideas han revolucionado su sector. Ambas están promovidas por personas con liderazgo, visión, perseverancia y pasión. Ambas son buenas. ¿Entonces, qué las diferencia?

Steve Jobs era un emprendedor de negocios; Yunus un emprendedor social.

Como sobre los emprendedores de negocios seguramente ya lo sepas todo, te damos 10 claves para identificar a un emprendedor social.

  1. Soluciona problemas. Pone sus habilidades emprendedoras y su creatividad para solucionar un problema social que conoce bien y que, en muchos casos, sufre o ha sufrido. Paro, desnutrición, educación, cáncer, un hijo con discapacidad, contaminación de su ciudad…
  2. Mucha empatía. Lo hace con una entrega absoluta a su visión y a su estrategia, y con un grado de empatía muy alto. Tan alto, que le mueve a dar su vida por su proyecto y no descansará hasta solucionar el problema al que intenta dar respuesta.
  3. Otra cuenta de resultados. Puede tener modelos más o menos rentables, pero no mide su éxito por el beneficio económico, sino por el número de personas a las que mejora la vida o por el impacto social que genera.
  4. Open source. Su modelo de expansión más exitoso no suele ser patentar su idea o franquiciarla. Más bien “poner alas” a su proyecto; dejarlo volar y ser copiado por otros.
  5. No es la imagen que tienes ahora mismo en la cabeza. Es una persona “normal”, pero que está dedicando su vida a mejorar las cosas. Ni responde a ese anclado estereotipo de “Gandhi”, ni al que difunde la nueva Barbie emprendedora.
  6. Probablemente viva en tu barrio. Hasta hace unos años el “emprendedor social” se asociaba a un líder trabajando en países en vías de desarrollo. Afortunadamente, hoy los emprendedores sociales están muy presentes también en Occidente, y en nuestro país son cada vez más y mejores.
  7. Su CIF no importa. Algunos crean una empresa social, otros una ONG, y otros a veces nada. Lo que les identifica no es el continente sino el contenido: una solución nueva con potencial de cambiar las cosas a gran escala.
  8. Es contagioso; acércate a él. El emprendedor social no es un llanero solitario. “Arrastra” a muchos otros con su fuerza, su idea, y su modelo de persona. Demuestra a la gente que todos podemos ser changemakers. Que, si te lo propones, tú también puedes cambiar lo que no funciona.
  9. A veces llega a ser Premio Nobel. Como lo fue Yunus en 2006 o Kailash Satyarthi (Emprendedor Social Ashoka) en 2014, por su lucha contra el trabajo y la explotación infantil. Y habrá muchos más.
  10. Es el I+D de los gobiernos. No espera a que sea el Estado quien encuentre nuevas soluciones a grandes problemas. Sí quiere influir en políticas públicas, pero se anticipa y abre camino con sus soluciones, logrando grandes cambios con pocos recursos.

¿Por qué te interesa entender qué es un emprendedor social? Porque son los nuevos influyentes de hoy. Logran cambiar leyes, generar empleo o transformar sectores tan complicados como la educación, y, sin duda, son los que más “ganan”.
¿No es el poder de cambiar la vida de otros el verdadero poder?

Ya tienes 10 claves para empezar a identificarlos y acercarte a ellos. Y también para serlo tú mismo. Porque todos podemos cambiar el mundo.

*Este artículo fue publicado en la revista Forbes el 28 de octubre de 2014

 

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La economía colaborativa, la economía de todos

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La economía colaborativa se basa en que los seres humanos estamos conectados para compartir. Muchas plataformas digitales están cambiando los hábitos de consumo de miles de personas en todo el mundo y parece que esto es sólo el principio de un nuevo modelo económico que viene para quedarse.

Carmen tiene 23 años y es estudiante de Económicas. Este viernes viajará a Valencia en un coche junto a tres desconocidos por 22 €. El mismo viaje en tren le hubiese costado un mínimo de 72€.

Javier quiere mejorar su inglés este verano y ha decidido pasar tres semanas en Dublín, una ciudad que le encanta y que le trae muy buenos recuerdos. Ha alquilado una habitación a un particular, muy cerca de la Universidad y le va a costar 36€ por noche. Una habitación en un hotel en la misma zona le costaría 78€. Es decir, su estancia en la capital irlandesa le costará a Javier 756€, frente a los 1.638€, que le hubiese costado el hotel durante ese mismo período.
Hace un par de años, Ernesto le compró un piano electrónico a su hija, Silvia, que le costó 320€. Pasado ese tiempo, la niña no ha mostrado demasiado interés por el regalo y el piano ha acabado en un armario criando polvo. Ernesto lo puso a la venta en una página de compraventa y ha conseguido recuperar 111€.

Carmen, Javier y Ernesto son sólo tres ejemplos de los nuevos hábitos que empiezan a extenderse entre los consumidores de las grandes ciudades. Este nuevo paradigma llamado economía colaborativa considera el consumo como un medio para el bienestar y no como un fin en sí mismo.

La economía colaborativa es un nuevo modelo económico en el que se comparten y se intercambian bienes y servicios a través de plataformas digitales. Este nuevo modelo ha surgido como respuesta a las cada vez mayores grietas y deficiencias que presenta el sistema capitalista, derivadas del hiperconsumo y la especulación. Los motores de este cambio pueden localizarse en la omnipresencia de Internet, la democratización de la tecnología y la crisis económica.

Los nuevos consumidores colaborativos no están obsesionados con la propiedad, es más, la consideran un problema. Adoran la libertad, escogen el “pay-per-use”, no tienen coche, viven de alquiler o en pisos compartidos y viajan en vehículos ajenos. Según una encuesta reciente, en Madrid seis de cada diez jóvenes, entre 18 y 25 años, prefieren comprarse un nuevo smartphone que un coche. Otro estudio demuestra que la población de 18 a 24 años con carnet de conducir ha descendido del 20% al 8% en sólo tres décadas. Los grandes fabricantes de automóviles observan esta situación con nerviosismo. Los nuevos consumidores han llevado a las últimas consecuencias el milenario refrán chino “No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita”. Pero no todas las motivaciones son económicas. Además de consumir de una manera más racional y eficiente, a la mayoría de los consumidores colaborativos les mueve también un sentimiento de ayuda mutua y un profundo respeto por el medio ambiente.

Albert Cañigueral, una de las voces de la revolución colaborativa más autorizadas en nuestro país, fundador de la página consumocolaborativo.com y autor del libro “Vivir mejor con menos”, divide este nuevo movimiento en cuatro bloques: el consumo colaborativo, el movimiento maker y la peer production, las finanzas participativas y el capital distribuido, y el conocimiento abierto.

  1. El consumo colaborativo. Intenta aprovechar el poder de Internet y de las redes peer-to-peer para reinventar cómo compartir, alquilar, intercambiar o comerciar bienes y servicios. Algunos ejemplos son muy conocidos: carsharing (Avancar, BlueMove, Respiro); alquiler de coches entre particulares (SocialCar, Getaround, Drivy); compartir trayectos (BlaBlaCar, Carpooling); alquiler de espacios vacacionales (Airbnb, Wimdu, AlterKeys, MyTwinPlace).
  2. El movimiento maker y la peer production. Se basa en la aplicación del modelo del software libre a proyectos industriales que fabrican productos tangibles. De esa forma se democratiza la fabricación de bienes y servicios, gracias, sobre todo al desarrollo de espacios creativos compartidos y al intercambio de conocimientos e información entre los fabricantes. Algunos ejemplos son Shapeways, FabLabs, WikiHouse u OpenSourceEcology.
  3. Las finanzas participativas. Muchos ciudadanos están reinventando el dinero. Están surgiendo nuevas y variadas modalidades de microfinanciación (crowdfunding), préstamos entre personas, ahorro colaborativo, etc. El dinero vuelve a ser un medio de intercambio basado en la confianza y el respeto mutuo. La web universocrowdfunding.com incluye una lista con las plataformas más importantes de nuestro país. Entre ellas, destacan goteo.org, lanzamos.com, projeggt.com o seedandclick.com.
  4. El conocimiento abierto. Es la base de la economía colaborativa, se trata de la filosofía que corre por las venas de este nuevo modelo económico. Cuando se comparten bienes inmateriales (ideas, conocimiento, datos…) se genera abundancia absoluta de los mismos, una situación que desconcierta a los economistas tradicionales. Justo lo contrario que cuando se comparten bienes materiales, que son recursos escasos. Este fenómeno deja completamente fuera de juego al actual sistema económico, que no sabe cómo gestionar esta auténtica revolución. Algunos ejemplos son: Licencia Creative Commons, Software Libre, Open Source Hardware Association o Coursera.

Hay una frase que se atribuye a George Bernard Shaw: “Si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana y las intercambiamos, entonces ambos seguiremos teniendo una manzana. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea y las intercambiamos, entonces ambos tendremos dos ideas”. Las ideas no sólo no se gastan cuando se comparten, sino que además se multiplican.

Aún estamos en los albores de este nuevo paradigma económico que puede cambiar el mundo tal y como lo conocemos hoy. El status quo, liderado por los gobiernos, las instituciones y las grandes corporaciones, miran con una mezcla de indiferencia, recelo y preocupación las evoluciones de este nuevo fenómeno que parece imparable.

Clay Shirky, profesor de la Universidad de Nueva York y experto en redes sociales, establece que existen cinco fases en la implantación de un nuevo modelo: la posibilidad técnica, la adopción social, la reacción reglamentaria, la desobediencia civil y un acuerdo negociado. Este proceso retrata exactamente lo que sucedió en la industria discográfica tras la aparición de Internet y el intercambio de ficheros digitales.

En la sociedad colaborativa, los ciudadanos son menos consumidores y más productores. Miles de personas ya están obteniendo ingresos extra alquilando sus casas o compartiendo sus coches, e incluso algunos han abandonado sus trabajos y han emprendido una nueva vida gracias a esos ingresos. Parece evidente es que la economía colaborativa viene para quedarse. ¿Estás preparado?

REDS-examina-los-Objetivos-de-Desarrollo-Sostenible-1

REDS examina los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Foto de Julio César González (extraída del Facebook de REDS)

Foto de Julio César González (extraída del Facebook de REDS)

 

La REDS emerge de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) de la ONU que trabaja para situar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en la agenda de la sociedad española. El 1 y 2 de junio se celebró el primer encuentro de REDS en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid donde especialistas nacionales e internacionales reflexionaron sobre los 17 nuevos ODS. Como recoge www.corresponsables.com, se plantea “un cambio de modelo que ya no busca solamente erradicar la pobreza extrema, sino que además busca crear soluciones para un desarrollo sostenible y luchar contra la desigualdad en todas las regiones del planeta. Con este propósito, Naciones Unidas creó en 2012 la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN, Sustainable Development Solutions Network) que, como en otros países, se ha implantado España con REDS en distintos países, como es el caso de la REDS en España, que trabaja para situar en la agenda de la sociedad española los ODS”.

Durante la jornada, nuestro imprescindible Miguel Ángel Moratinos, presidente de la REDS, explicó que REDS persigue “sembrar para permitirnos construir una España que forme parte de los países pioneros que incluyan la sostenibilidad como objetivo esencial en todas sus políticas”. En una entrevista con El País, también repasó la actualidad política: “van a cambiar los esquemas para bien. Se han acabado las mayorías absolutas. ¿Qué hay más contrario a la democracia que algo absoluto? Con las nuevas tecnologías tenemos voz, ya no somos súbditos. Es el turno de los ciudadanos”

 

>> Crónica completa de la jornada

>> Entrevista de El País a Miguel Ángel Moratinos

Palmira ruinas historia

S.O.S. la historia, S.O.S. Palmira

Palmira ruinas historia

La destrucción de la historia se ha convertido en una obsesión fanática del mal llamado Estado Islámico (EI) y de su torcida versión del Islam, que ataca deliberadamente el patrimonio cultural de la humanidad y de sus civilizaciones. Pretende borrar los símbolos monumentales de Oriente Medio que es lo mismo que reducir a polvo las culturas de Oriente y Occidente, de Persia y el Mediterráneo. La destrucción de los vestigios históricos es un ataque frontal del fanatismo contra la civilización y, por ello, la Unesco lo califica de crimen de guerra y solicita, con poco éxito, la intervención de la comunidad internacional. Por ello, creo que estos delitos debieran juzgarse por tribunales internacionales como crímenes contra la humanidad, porque la historia y la cultura forman parte de ella. La opinión pública internacional debe movilizarse con rapidez y sin titubeos para detener esta espiral de odio y de destrucción contra las civilizaciones, así como exigir a los Estados y a los organismos multilaterales una intervención rápida que detenga la demolición de la historia y preserve el patrimonio de toda la humanidad.

Tras los graves destrozos en el museo de Mosul del pasado mes de febrero y la destrucción de los yacimientos asirios de la ciudad de Nimrud (siglo XIII a.C.), donde los autoproclamados yihadistas utilizaron maquinaria pesada para demoler hasta los cimientos, le toca el turno ahora a la perla del desierto: Palmira. La inquietud y los llamamientos del jefe de arqueología de Siria, Abdel Karim, para preservar Palmira no deben caer en saco roto, pues se perdería una de las más importantes ciudades de la Ruta de la Seda donde han recalado caravanas desde tiempos inmemoriales. La inspiradora Palmira, rodeada por el árido desierto sirio, debe permanecer impertérrita ante la historia y ante los ataques de aquellos que promueven la barbarie con la destrucción de la cultura. Palmira debe lucir orgullosa su avenida de columnas, sus teatros, sus baños y sus enterramientos, y debe conservarse para las generaciones futuras su figura esbelta y misteriosa, y su atmósfera serena.

La comunidad internacional pero, sobre todo, desde Europa y el mundo árabe deberíamos emprender campañas y movilizaciones ciudadanas para preservar la vieja Tadmor. Y para estudiar y visitar este enclave estratificado de historia y de leyendas. Palmira debe convertirse en un símbolo de la defensa de las civilizaciones y de la resistencia frente a los fanáticos que pretenden demoler la historia en su lucha por el control de los yacimientos de petróleo y de gas del Saher. Y desean apoderarse también de las plantas de bombeo de Sujna, al sur de la estratégica ciudad que abre el camino hacia el valle del Éufrates. Si Palmira se salva de la piqueta delirante del EI y se convierte en un símbolo de defensa de las civilizaciones y de las culturas, no escucharemos los gritos de socorro de la historia.

La otra vida

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Se quedó solo en la habitación del hospital. Eran poco más de las once de la noche, ya le habían dado de cenar y su mujer y sus hijos se acababan de marchar. Cada día lo acompañaban y le contaban sus vidas. Hoy he hecho esto, lo otro, aquello…

Repetían con parsimonia sus quehaceres diarios, con el afán de darle conversación, de que participara desde la distancia en sus logros y sus fracasos.

Él les notaba el cansancio en sus caras, en sus gestos. Sabía que lo pasaban mal, que sufrían por él y que de alguna manera a pesar del inmenso amor que le demostraban, estaba condicionando sus vidas. No podía hablar, no podía moverse, solo sentía.

Su mujer había adelgazado en el último año. Ella, que tenía esa clase especial que está al alcance de pocas personas, siempre con la apariencia perfecta, la palabra oportuna y la sonrisa en los labios, estaba últimamente muy desmejorada, aunque quisiera aparentar lo contrario. Las ojeras cada vez más acentuadas y sobre todo la tristeza en la mirada y en el alma, la delataban.

Sus hijos, chico y chica que parecían tener intercambiados los papeles. El mayor lo abrazaba todos los días y durante bastante rato le cogía la mano acariciándosela, intentando transmitirle a través de la piel cuánto lo necesitaba. La pequeña, adolescente todavía, se hacía la fuerte. Entraba en la habitación con un grito de ánimo: “Qué, papá ¿cómo estás hoy?, te veo mejor”, al tiempo que le daba un par de palmaditas cariñosas en el hombro. Él sabía que lo hacía sobre todo para ocultar la impotencia que sentía desde su juventud por no tener respuesta a la maldita pregunta, ¿Por qué a mi padre?

Cerró los ojos.

Sin darse cuenta comenzó a recordar partes de su vida. Se veía de niño subiendo a árboles que nunca había subido. Dando aquel beso robado a un primer amor que nunca lo fue, acabando aquel libro que sólo fue un proyecto. Viajaba, con su novia primero y mujer después, a lugares que siempre habían deseado, pero que nunca habían conocido.

Estaba con sus hijos, cambiándoles los pañales que nunca les había cambiado, jugando con ellos a juegos a los que nunca había jugado. Recuperaba todos y cada uno de esos minutos perdidos en la nada y los ocupaba con actividades de lo más diverso. Reía, lloraba, sentía con todas sus fuerzas, disfrutaba con todo aquello que nunca había hecho, sólo porque se decía a sí mismo, no, yo eso no sé hacerlo, o no puedo, o no quiero. Ahora sabía, quería, podía.

Se vio amándola a ella, su mujer, no porque la necesitara o fuera quien solucionara sus problemas domésticos, simplemente por amarla, por vivir juntos, días intensos de amor y respeto, no aburridos y monótonos como en la otra vida.

Pero sobre todo vio aquel día. El día del accidente. Se paró en el semáforo en rojo. No se lo pasó, como en la otra vida.

No estaba tumbado en la cama de un hospital inmóvil, sin poder articular palabra, queriendo y no pudiendo abrazar o besar a los suyos y sufriendo por ellos, por no poder decirles cuánto les quería. Y conoció a sus nietos y se vio mayor y feliz en su vejez, queriendo y querido, y…se vio morir en paz…

La enfermera de la Unidad de Vigilancia Intensiva entró en la habitación. Antes de apagarle la luz se fijó en su cara. “Si no fuera por el estado en el que se encuentra, diría que es un hombre feliz”, pensó.