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¿Y si sustituyéramos a los políticos por ciudadanos seleccionados al azar?

¿Qué pasaría si una sociedad decidiera cambiar a sus políticos por personas elegidas por sorteo? ¿Mejoraría el funcionamiento de las instituciones? ¿Existirían menos casos de corrupción? Parece el argumento de una nueva serie de Netflix pero la idea no es nueva. De hecho, surgió hace miles de años en la antigua Grecia y en la actualidad cuenta con no pocos defensores.

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Fake news: cómo se cocinan las noticias falsas

Las fake news o noticias falsas se han convertido en una epidemia dentro del periodismo contemporáneo. Las fake news disfrazan las mentiras de verdad y distorsionan la realidad al servicio de intereses malintencionados. ¿Cómo nos podemos defender de ellas? 

La prehistoria de las fake news

El fenómeno de las noticias falsas no es nuevo, desde el nacimiento del periodismo siempre han existido. A finales del siglo XIX, España y Estados Unidos pugnaban por el dominio de la isla de Cuba. La independencia era el anhelo de muchos cubanos y a diario se producían revueltas contra las tropas españolas. El magnate de la prensa William Randolph Hearst, propietario de 28 periódicos, detectó bajo esa tensa situación una excelente oportunidad para aumentar la tirada de sus diarios. El legendario magnate estadounidense reclutó a sus mejores periodistas para que escribieran historias sobre la insurrección cubana y les ordenó que las tiñeran de heroísmo, aunque tuvieran que exagerar los hechos e incluso aunque no siempre fueran fieles a la realidad. Además ordenó realizar llamativos montajes fotográficos para ensalzar el valor de los cubanos y desprestigiar al ejército español. Miles y miles de lectores corrían cada mañana para comprar sus periódicos y la opinión pública internacional comenzó a simpatizar con la causa de los rebeldes cubanos. La tensión entre España y Estados Unidos fue creciendo y un día William Randolph Hearst decidió publicar un reportaje que mostraba a un civil estadounidense que había sido encarcelado por el ejército español sin juicio previo. El mensaje era claro: ningún estadounidense estaba seguro en Cuba mientras la isla estuviera ocupada por los españoles. Este reportaje provocó que las ventas de los periódicos de Hearst se dispararan y causó un inmenso clamor popular contra España. Pero el destino pronto puso en bandeja una nueva oportunidad para saciar las ambiciones del magnate. El 15 de febrero de 1898, a las 21:40 horas, una tremenda explosión sacudió el puerto de La Habana. El Maine, un buque estadounidense saltó por los aires. Esa noche murieron 256 personas, y aunque las causas del suceso no estaban claras y muchos indicios apuntaban a la hipótesis de un accidente, Hearst ordenó publicar la noticia a la mañana siguiente con el siguiente titular: “El barco de guerra El Maine partido por la mitad por un artefacto infernal secreto del enemigo”. Dos días después, y antes de que el gobierno de Estados Unidos tomara ninguna decisión, sus periódicos publicaron el histórico titular “¿GUERRA? ¡SEGURO!”.

Hearst presentó así el confuso suceso como un ataque español contra una misión americana de buena voluntad y empujó a la opinión pública norteamericana a desear vehemente la guerra y finalmente al Congreso de los Estados Unidos a declarar la guerra contra España. Con ese tratamiento tan poco riguroso de la información, William Randolph Hearst fue capaz de inventarse una guerra.

Desde entonces la manipulación de la información al servicio de intereses partidistas ha sido una constante en el periodismo y por eso la ciudadanía debe mantenerse siempre alerta para no dejarse engañar.

Las fake news en la era de las redes sociales

Sucesos inesperados como la victoria del Brexit en Reino Unido o el triunfo de Donald Trump en las últimas elecciones a la presidencia de Estados Unidos evidenciaron el influyente papel que pueden desempeñar las fake news en las consultas democráticas. Las noticias falsas siempre han existido, pero la multiplicación de plataformas ha aumentado exponencialmente su propagación. Según un informe elaborado por investigadores de Princeton University, Darmouth College y University of Exeter, “uno de cada cuatro norteamericanos visitó alguna página de noticias falsas durante el periodo anterior a las elecciones que llevaron a la Casa Blanca a Donald Trump”. El nuevo presidente de Estados Unidos se ha erigido como una auténtica fábrica de noticias falsas desde su nombramiento, sobre todo a través de su cuenta de Twitter y de su amplia red de seguidores. 

Es evidente que el poder de las redes sociales ha disparado la difusión de noticias falsas. Las razones son diversas. Primero, Internet convierte a cualquier persona con un número considerable de seguidores en un líder de opinión. Segundo, la publicación de una noticia falsa dentro de una web o un blog otorga un engañoso aire de credibilidad. Y tercero, la rapidez con la que circulan las noticias por Internet permite alcanzar a millones de personas en segundos. 

Algunas plataformas como Facebook se están planteando introducir mecanismos de detección de noticias falsas, como la curación algorítmica, pero se trata sin duda de una decisión muy controvertida al dejar en manos de robots el establecimiento de la frontera entre lo real y lo falso.

El impacto de las fake news en España

Según un estudio realizado por la empresa de estudios de mercado Simple Lógica y el grupo de investigación en Psicología del Testimonio de la Universidad Complutense de Madrid, “el 86% de los españoles tiene dificultades para distinguir entre fake news y noticias verdaderas”. Este estudio también concluye que el 60% de los españoles cree que sabe reconocer una noticia falsa de una verdadera. Los motivos principales por los que los encuestados afirman saber distinguir una noticia falsa son la irrealidad del contenido (29,6%), el medio en el que aparece publicado (26,9%), los titulares demasiado alarmistas, ridículos o improbables (17,9%), el autor (7,7%), contrastan/verifican la información (5,8%), sentido común / lógica / cordura (3,1%), otros motivos (5,7%) y NS/NC (3,4%).

Para realizar el estudio se expuso a los participantes tanto a noticias falsas como a noticias verdaderas. Éstas fueron algunas de las noticias utilizadas:

Noticias falsas:

• “Amazon se prepara para lanzar un supermercado robotizado”  El 75,7% de los encuestados pensó que era verdadera

• “Si va a la cárcel, Jordi Pujol amenaza al Estado con publicar un dossier que haría caer la democracia en España” El 53,8% de los encuestados pensó que era verdadera

• “Wikileaks confirma que Hillary Clinton vendió armas al ISIS” El 38,7% pensó que era verdadera

• “Los pelirrojos naturales están en peligro de extinción” El 26,5% pensó que era verdadera

Noticias verdaderas:

• “Detienen a un hombre por llamar 2.600 veces a una compañía telefónica para no estar solo” El 44,6% pensó que era falsa

• “Se ha descubierto una isla de plástico en el Pacífico” El 50% pensó que era falsa

• “Los cocodrilos charlan entre sí antes de salir del cascarón” El 70,4% pensó que era falsa

• “La leche de cucaracha es uno de los alimentos más completos que existen” El 85% pensó que era falsa

Según el estudio los jóvenes tienen más capacidad para distinguir entre noticias falsas y noticias verdaderas. Por sexos, los hombres y las mujeres presentan las mismas dificultades para reconocer las noticias falsas, aunque el 65% de los hombres pensó inicialmente saber distinguirlas, frente al 45% de las mujeres. 

También es interesante el dato que demuestra que un 4% de los españoles afirma haber creado alguna vez una noticia falsa y de ellos sólo la mitad dice haberlas distribuido.

Es evidente que el fenómeno de las fake news ha dado vida en el siglo XXI a un pseudoperiodismo de consecuencias imprevisibles y que la sociedad demanda ciudadanos críticos y bien informados. ¿Podremos mantener la confianza en los medios de comunicación?

Plastic Attack: ¿Plásticos? No, gracias

La producción de plástico en el mundo se ha disparado en los últimos 50 años. Sólo entre 2002 y 2013 aumentó un 50%, pasando de 204 millones de toneladas en 2002 a 299 millones de toneladas en 2013. Y según estudios realizados por Greenpeace, en el año 2020 la producción de plástico alcanzará los 500 millones de toneladas anuales, lo que significará un 900% más que en el año 1980. Si una simple bolsa de plástico tarda en biodegradarse entre cinco y 950 años, y la mayoría acaban en el mar, el panorama para el futuro del planeta es desolador. 

Muere una ballena en Tailandia después de ingerir 80 toneladas de plástico

 

Ante estas dramáticas expectativas cada vez son más las voces en todo el mundo que exigen medidas urgentes para frenar el consumo desmedido de plástico. Con esta misión ha nacido el movimiento “Plastic Attack”, una iniciativa cuyo objetivo es la reducción del plástico en el envasado de productos. Sus simpatizantes, a la salida de los supermercados, arrancan los envases innecesarios de los productos que acaban de comprar y los amontonan en carros. De esa forma escenifican su protesta y responsabilizan a los supermercados del uso abusivo de plástico. En los últimos meses hemos visto acciones de estos activistas en ciudades de Francia, Bélgica o Reino Unido, y en España, ya se han registrado varios ataques en Madrid, Euskadi y Cataluña.

Keynsham (Inglaterra), el primer Plastic Attack en el mundo

 

El 27 de marzo de 2018 la BBC se hizo eco del primer plastic attack 

El primer “plastic attack” del que se tiene noticia sucedió el 26 de marzo de 2018 en Keynsham, una ciudad del sur de Inglaterra, situada entre Bath y Bristol. Ese día un grupo de unos 25 clientes de un supermercado de la cadena Tesco se pusieron de acuerdo para retirar los envoltorios de los productos que acababan de comprar y los depositaron en cajas, que se fueron amontonando en la puerta del supermercado. El impulsor de la protesta se llamaba Tony Mitchell y transmitió su protesta al gerente del supermercado, que aseguró que iba a trasladársela a sus superiores. Días después, altos responsables de Tesco declararon que iban a reducir el uso de envases de plástico en sus supermercados, y que se comprometieron a convertir todos sus envases en reciclables para el año 2025.

Plastic Attack en Amsterdam

El movimiento Plastic Attack en España

A raíz del suceso de Keynsham, comenzaron a surgir nuevos “plastic attacks” en otras ciudades europeas. En España la asociación Nasti de Plastic abandera este movimiento. Este colectivo ubicado en la Sierra de Madrid incluye en su página web consejos, noticias y vídeos que ayudan a conocer la esencia de este movimiento. Sus integrantes alertan de la necesidad de tomar conciencia de cada plástico que llega a nuestros hogares y nos piden elegir productos mínimamente empaquetados, y si es posible, de origen local. Asimismo nos recomiendan que cuando hagamos la compra, rechacemos las bolsas y aprovechemos para comentar que estás en contra del uso de plástico y sugieren otras alternativas, como productos a granel, envasados biodegradables o retornables, y sistemas de devolución de envases. En la página de Nasti de Plastic puede leerse que todos los interesados en realizar un “plastic attack” deben procurar realizar acciones alegres y cívicas, sin violencia y con absoluto respeto a los empleados de los supermercados. También sugieren hacer fotos y grabar vídeos de sus ataques para compartirlos en las redes sociales e intentar crear una corriente expansiva que acabe frenando el uso desmedido de plástico en el mundo.

Plastic Attack en Oslo

El consumo de plástico en el mundo

Según Greenpeace, China es en la actualidad el mayor productor de plásticos del mundo, seguido de Europa, Norteamérica y el resto de Asia. Y en Europa, más de dos tercios de la demanda de plásticos se concentra en cinco países: Alemania (24,9%), Italia (14,3%), Francia (9,6%), Reino Unido (7,7%) y España (7,4%). 

Aunque existen muchos tipos de plásticos en el mercado mundial, hay siete grupos principales:

  • PET (Polietileno tereftalato) – Botellas de bebida, botellas de agua, envases de aceite
  • LDPE (Polietileno de baja densidad) – bolsas de supermercado, implementos de aseo
  • HDPE (Polietileno de alta densidad) – Envases de leche, detergentes, aceite para motor, contenedores de basura, botellas de detergente
  • PVC (Cloruro de polivinilo) – Tubos y cañerías, cables eléctricos, envases de detergentes, ventanas, válvulas   
  • PP (Polipropileno) – recipientes para yogures, sorbetes, tapones de botella.
  • PS (Poliestireno) tazas desechables, bandejas, bolsas.
  • Otros – generalmente indica que es una mezcla de varios tipos de plásticos – botellas de ketchup, platos para hornos de microondas

Recientemente la Unión Europea ha establecido como objetivo para los países miembros que los gobiernos garanticen que para finales de 2019 sus países no consuman más de 90 bolsas por persona y año. Y el objetivo es aún más ambicioso: para el año 2025 se han propuesto reducir esa cifra a 40 bolsas. 

En la actualidad, los países de la UE muestran cifras de consumo de bolsas de plástico muy dispares. Por ejemplo, en Irlanda el consumo se ha reducido a sólo 18 bolsas por persona y año, mientras que en Grecia la cifra asciende a 269 bolsas y en Bulgaria supera las 421 bolsas. En España el consumo es de 180 por persona y año. 

Plastic Attack en Viena